Autor/a
Salambó
Categoria
Relat lliure
Otro triunfo de TMB
Las recién clausuradas XXXIII Olimpiadas del TMB celebradas este año en el metro de Barcelona, que sin duda han supuesto todo un éxito y cuyo espectáculo de alcance mundial ha sido seguido por millones de personas, no han arrojado grandes sorpresas pero sí han dejado momentos para la historia.
El catalán Pau Mitjagalta Seròs revalidó con otra demostración antológica su título de campeón en la categoría reina de velocidad, esta vez en el transbordo de la línea amarilla (L4) y la roja (L1) que cubrió, además, en un tiempo récord de 59’43 segundos. Mérito doble si se tiene en cuenta que las escaleras mecánicas no funcionaban y que, justo cuando sonaba el “pipipipipipi” que anunciaba el cierre de puertas del convoy en el andén dirección Hospital de Bellvitge, el bravo pasajero se impulsó sobre sus talones y, cual ariete, entró oblicuamente de cabeza en el primer coche y cayó con gracilidad sobre las maletas de unos turistas surcoreanos que no dudaron en inmortalizar la acción con sus móviles.
Por otra parte, el esperado y anunciado por megafonía enfrentamiento entre revisores y pasajeros tuvo lugar en la parada de Canyellas (L3) y supuso, sin duda, una emocionantísima prueba, donde, si bien hubo un momento en el que parecía que por vez primera podía cambiar de protagonistas el cajón de los vencedores, “los picas” se llevaron de nuevo el gato al agua gracias a una férrea defensa sin fisuras frente al entusiasmo voluntarioso de unos usuarios que por dos veces exigieron infructuosamente la entrada del VAR.
Finalmente, el nobel Oswaldo Quintero de la Paz Hernández alcanzó contra todo pronóstico la final en la categoría de levantamiento de asiento, obligando a diversos usuarios en la L5 a cederlo hasta en doce ocasiones durante una semana para que lo disfrutaran personas mayores, embarazadas, lesionados varios…, quedándose tan solo a uno de alcanzar el oro en un dramático desenlace cuando ya parecía que lo tenía en su mano. Cierto, pues una joven apoltronada en los asientos reservados se negó ostensiblemente a abandonarlo en favor de un abuelo con cachaba, alegando que “ya estoy harta de ser siempre la primera que se levanta.” Oswaldo Quintero de la Paz Hernández declaró tras alzarse con la plata que, aun con un regusto amargo, se sentía feliz y seguiría luchando por el metal dorado en próxima edición olímpica.
El catalán Pau Mitjagalta Seròs revalidó con otra demostración antológica su título de campeón en la categoría reina de velocidad, esta vez en el transbordo de la línea amarilla (L4) y la roja (L1) que cubrió, además, en un tiempo récord de 59’43 segundos. Mérito doble si se tiene en cuenta que las escaleras mecánicas no funcionaban y que, justo cuando sonaba el “pipipipipipi” que anunciaba el cierre de puertas del convoy en el andén dirección Hospital de Bellvitge, el bravo pasajero se impulsó sobre sus talones y, cual ariete, entró oblicuamente de cabeza en el primer coche y cayó con gracilidad sobre las maletas de unos turistas surcoreanos que no dudaron en inmortalizar la acción con sus móviles.
Por otra parte, el esperado y anunciado por megafonía enfrentamiento entre revisores y pasajeros tuvo lugar en la parada de Canyellas (L3) y supuso, sin duda, una emocionantísima prueba, donde, si bien hubo un momento en el que parecía que por vez primera podía cambiar de protagonistas el cajón de los vencedores, “los picas” se llevaron de nuevo el gato al agua gracias a una férrea defensa sin fisuras frente al entusiasmo voluntarioso de unos usuarios que por dos veces exigieron infructuosamente la entrada del VAR.
Finalmente, el nobel Oswaldo Quintero de la Paz Hernández alcanzó contra todo pronóstico la final en la categoría de levantamiento de asiento, obligando a diversos usuarios en la L5 a cederlo hasta en doce ocasiones durante una semana para que lo disfrutaran personas mayores, embarazadas, lesionados varios…, quedándose tan solo a uno de alcanzar el oro en un dramático desenlace cuando ya parecía que lo tenía en su mano. Cierto, pues una joven apoltronada en los asientos reservados se negó ostensiblemente a abandonarlo en favor de un abuelo con cachaba, alegando que “ya estoy harta de ser siempre la primera que se levanta.” Oswaldo Quintero de la Paz Hernández declaró tras alzarse con la plata que, aun con un regusto amargo, se sentía feliz y seguiría luchando por el metal dorado en próxima edición olímpica.