Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 años
Centre escolar
Institució Igualada
En el metro
El metro llegó con un ruido extraño que retumbó en todo el andén. Las puertas se abrieron y una ola de gente salió disparada mientras otros intentábamos entrar antes de que volvieran a cerrarse.
- ¡Dejen salir primero!- gritó una mujer desde dentro
Con algo de dificultad, logré entrar sin problema y me cogí a una barra. El vagón estaba lleno de gente, y el aire era una mezcla de perfumes, abrigos húmedos y cansancio de lunes por la mañana.
A mi lado un chico miró el móvil con el ceño fruncido.
- No puede ser…Otra vez tarde- murmuró
- ¿Problemas?- le pregunté
- Si… Tenía un examen a primera hora y este retraso no ayuda.
Antes de que pudiera responder, una voz al fondo interrumpió:
- Este metro siempre igual, nunca llega a tiempo
- Pues haber salido antes- contestó alguien con un tono seco
El chico suspiró.
- Ojalá fuera tan fácil…
En la siguiente parada más gente intentó entrar.
- No cabemos- dijo un hombre cerca de la puerta
- Un poco más por favor- insistió una chica desde fuera
Las puertas empezaron a cerrarse, pero alguien las bloqueó con la mano.
El conductor, habló por megafonía:
- Por favor, no bloqueen las puertas
Finalmente, el tren arrancó de nuevo. Un silencio incómodo llenó el vagón durante unos segundos roto solo por el ruido de las vías.
De pronto se escuchó un sonido: Una mochila había caído al suelo.
- ¡Ay! Perdón, es mía- dijo una chica
- No pasa nada, pero, a la próxima ten más cuidado- dijo la señora
El chico a mi lado sonrió levemente.
- Este sitio es un caos
- Pero nunca aburrido- le respondí
En ese momento, una mujer mayor que estaba sentada levantó la vista
- Disculpa- le dijo al chico- Si quieres, puedes sentarte, pareces nervioso
- ¿En serio? Muchas gracias- contestó él, sorprendido
- Los exámenes son importantes- añadió ella
- Sí, demasiado…- respondió él, sentándose con alivio
Un hombre cercano intervino:
- Yo, cuando estaba en la universidad, el metro también era mi peor enemigo
Algunos rieron suavemente
- Entonces nada ha cambiado- dijo alguien más
El ambiente se volvió un poco más relajado, incluso el chico parecía menos tenso
El metro redujo la velocidad al acercarse a la parada
- Bueno, aquí me bajo, ¡suerte en el examen!- dije
- ¡Gracias! igualmente- me respondió.
Las puertas se abrieron y salí al andén. Mientras el metro se alejaba, pensé en lo curioso que era cómo, en medio del ruido, las prisas y el estrés, aún quedaban espacios para pequeños gestos de amabilidad entre desconocidos.
- ¡Dejen salir primero!- gritó una mujer desde dentro
Con algo de dificultad, logré entrar sin problema y me cogí a una barra. El vagón estaba lleno de gente, y el aire era una mezcla de perfumes, abrigos húmedos y cansancio de lunes por la mañana.
A mi lado un chico miró el móvil con el ceño fruncido.
- No puede ser…Otra vez tarde- murmuró
- ¿Problemas?- le pregunté
- Si… Tenía un examen a primera hora y este retraso no ayuda.
Antes de que pudiera responder, una voz al fondo interrumpió:
- Este metro siempre igual, nunca llega a tiempo
- Pues haber salido antes- contestó alguien con un tono seco
El chico suspiró.
- Ojalá fuera tan fácil…
En la siguiente parada más gente intentó entrar.
- No cabemos- dijo un hombre cerca de la puerta
- Un poco más por favor- insistió una chica desde fuera
Las puertas empezaron a cerrarse, pero alguien las bloqueó con la mano.
El conductor, habló por megafonía:
- Por favor, no bloqueen las puertas
Finalmente, el tren arrancó de nuevo. Un silencio incómodo llenó el vagón durante unos segundos roto solo por el ruido de las vías.
De pronto se escuchó un sonido: Una mochila había caído al suelo.
- ¡Ay! Perdón, es mía- dijo una chica
- No pasa nada, pero, a la próxima ten más cuidado- dijo la señora
El chico a mi lado sonrió levemente.
- Este sitio es un caos
- Pero nunca aburrido- le respondí
En ese momento, una mujer mayor que estaba sentada levantó la vista
- Disculpa- le dijo al chico- Si quieres, puedes sentarte, pareces nervioso
- ¿En serio? Muchas gracias- contestó él, sorprendido
- Los exámenes son importantes- añadió ella
- Sí, demasiado…- respondió él, sentándose con alivio
Un hombre cercano intervino:
- Yo, cuando estaba en la universidad, el metro también era mi peor enemigo
Algunos rieron suavemente
- Entonces nada ha cambiado- dijo alguien más
El ambiente se volvió un poco más relajado, incluso el chico parecía menos tenso
El metro redujo la velocidad al acercarse a la parada
- Bueno, aquí me bajo, ¡suerte en el examen!- dije
- ¡Gracias! igualmente- me respondió.
Las puertas se abrieron y salí al andén. Mientras el metro se alejaba, pensé en lo curioso que era cómo, en medio del ruido, las prisas y el estrés, aún quedaban espacios para pequeños gestos de amabilidad entre desconocidos.