Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 años
Centre escolar
Institució Igualada
Relat escolar

Entre paradas

El metro llegó con su soplo de aire caliente y ese ruido metálico que ya formaba parte de la rutina. Se abrieron las puertas y entró sin pensar, como cada mañana.
Se sentó junto a la ventana. No miró a nadie; tampoco hacía falta. Todos estaban en lo mismo: pantallas encendidas, miradas apagadas.
El tren arrancó. Primera parada. Gente que entra, gente que sale. Segunda parada, una mochila que roza su rodilla. Tercera, una risa breve que desaparece demasiado rápido.
Sacó el móvil. Notificaciones, tareas, mensajes sin responder. Lo bloqueó. No tenía energía para todo eso.
Levantó la vista. En el reflejo del cristal vio su cara mezclada con el túnel oscuro. Durante un segundo no supo si estaba dentro o fuera, si avanzaba o simplemente se repetía.
El metro siguió.
Pensó en todo lo que tenía que hacer al llegar: deberes, estudiar, responder, cumplir. Siempre cumplir, como si cada parada fuera una cuenta atrás.
Suspiró.
Entonces, por un instante muy pequeño, decidió no hacer nada. No mirar el móvil, no pensar en después, no adelantarse. Solo quedarse ahí.
El traqueteo del metro empezó a sonar distinto, más lento, más lejano, como si no tuviera prisa por llegar a ningún sitio. Cerró los ojos.
No pasó nada. Nadie dijo nada, nadie la miró. El mundo siguió exactamente igual.
Pero en ese momento —entre dos paradas que ni siquiera miró— sintió algo raro: como si el tiempo no la estuviera persiguiendo, como si, por fin, no tuviera que llegar a ningún sitio.
El metro se detuvo. Abrió los ojos. La gente salió, otra entró. Todo seguía en marcha.
Ella también se levantó. Antes de salir, miró un segundo el vagón que dejaba atrás y pensó que, quizá, lo más importante de todo el viaje había pasado justo cuando no estaba pasando nada.