Autor/a
Felipa
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 años
Centre escolar
Col·legi Canigó de Barcelona
MARTES
La primera vez tenía ocho años y un bocadillo de nutela a medio comer.
Subió en Sagrada Família de la mano de una mujer que supongo era su madre, aunque nunca lo sabré con certeza. Se sentó con las piernas colgando porque aún no le llegaban al suelo. Miró por la ventana el túnel negro como si hubiera algo ahí dentro que solo ella podía ver.
Bajó en Paral·lel. Se llevó el bocadillo.
Volvió el martes siguiente. Y todos los martes después de ese.
Yo también estaba. Yo siempre estoy.
Fui viendo cómo le crecían las piernas despacio, sin prisa, hasta que un día sin avisar le llegaron al suelo y dejaron de balancearse. Nadie celebra ese momento. Nadie se da cuenta. Pero yo sí.
Vi cómo la mochila de dibujos animados se convertía en una negra sin adornos. Vi el día que vino con los ojos rojos y los auriculares puestos y el volumen tan alto que yo también podía oírlo. Vi los once martes que vino con alguien que le cogía la mano, y el martes doce que vino sin él, mirando por la ventana con esa cara nueva que tienen las personas cuando han aprendido algo que habrían preferido no aprender.
El tiempo pasa distinto cuando tú no cambias.
Yo soy siempre el mismo. Mismo recorrido, mismas curvas, mismo tramo oscuro donde la gente se ve reflejada en el cristal y por un segundo no le queda más remedio que mirarse. Ella cambiaba y yo me quedaba, y quizás por eso me fui convirtiendo en lo único que lo vio todo. Lo único que guardaba la cuenta exacta de sus martes.
Esta mañana ha subido con maletas.
Se ha sentado debajo de la misma ventana de siempre. No ha sacado el móvil. No ha puesto música. Se ha quedado mirando el túnel oscuro, igual que aquella primera vez con ocho años, como si hubiera algo ahí dentro que solo ella podía ver.
Quizás sí que hay algo.
Quizás todos dejamos algo en los sitios donde hemos sido, sin saber que lo dejamos. Una versión más pequeña, más nueva, más entera. Guardada en algún lugar que no envejece.
Ha bajado en Paral·lel por última vez.
No ha mirado atrás. Pero yo sí la he mirado a ella.
Siempre lo hago.
Subió en Sagrada Família de la mano de una mujer que supongo era su madre, aunque nunca lo sabré con certeza. Se sentó con las piernas colgando porque aún no le llegaban al suelo. Miró por la ventana el túnel negro como si hubiera algo ahí dentro que solo ella podía ver.
Bajó en Paral·lel. Se llevó el bocadillo.
Volvió el martes siguiente. Y todos los martes después de ese.
Yo también estaba. Yo siempre estoy.
Fui viendo cómo le crecían las piernas despacio, sin prisa, hasta que un día sin avisar le llegaron al suelo y dejaron de balancearse. Nadie celebra ese momento. Nadie se da cuenta. Pero yo sí.
Vi cómo la mochila de dibujos animados se convertía en una negra sin adornos. Vi el día que vino con los ojos rojos y los auriculares puestos y el volumen tan alto que yo también podía oírlo. Vi los once martes que vino con alguien que le cogía la mano, y el martes doce que vino sin él, mirando por la ventana con esa cara nueva que tienen las personas cuando han aprendido algo que habrían preferido no aprender.
El tiempo pasa distinto cuando tú no cambias.
Yo soy siempre el mismo. Mismo recorrido, mismas curvas, mismo tramo oscuro donde la gente se ve reflejada en el cristal y por un segundo no le queda más remedio que mirarse. Ella cambiaba y yo me quedaba, y quizás por eso me fui convirtiendo en lo único que lo vio todo. Lo único que guardaba la cuenta exacta de sus martes.
Esta mañana ha subido con maletas.
Se ha sentado debajo de la misma ventana de siempre. No ha sacado el móvil. No ha puesto música. Se ha quedado mirando el túnel oscuro, igual que aquella primera vez con ocho años, como si hubiera algo ahí dentro que solo ella podía ver.
Quizás sí que hay algo.
Quizás todos dejamos algo en los sitios donde hemos sido, sin saber que lo dejamos. Una versión más pequeña, más nueva, más entera. Guardada en algún lugar que no envejece.
Ha bajado en Paral·lel por última vez.
No ha mirado atrás. Pero yo sí la he mirado a ella.
Siempre lo hago.