Autor/a
Anita
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Quizás madrugar no es tan malo

Día 72 del curso. Segundo de bachillerato está acabando conmigo; tengo más exámenes que horas para estudiarlos. Llego otra vez tarde para coger el bus; empezamos el día como siempre con la primera carrera. Entro de milagro por la puerta de en medio del 67, exhausta, avergonzada de respirar tan fuerte. Por suerte, hay asientos libres. Puedo comer mi desayuno tranquila. ¿El 68 vendrá por detrás o lo habrá adelantado? Hm, casi. Tocará esperar al 63. Ya llega, pero desde aquí puedo ver que apenas caben 2 personas más. Apretujada, entro. Y minutos más tarde llego al colegio. Son las 14:30. “Corre, Pablo, que nos pasa en 3 minutos”. Menudo día, comentábamos. Encima tengo que estar de pie durante 30 minutos, con lo cansada que estoy. Por fin en casa.

Día 77. Cada día lo mismo. Ni siquiera he podido coger el 67 y he tenido que caminar hasta el Tram. Se acercan los trimestrales. El agobio me invade.

Día 84. Primer día de exámenes, tengo biología e historia. No tengo por qué madrugar; entro una hora más tarde de lo normal. Con tiempo llego a la parada de siempre del 67. Esperando, sigo estudiando. Las 07:09, llega puntual. Entro sin apartar la vista de las millones de palabras sobre el sistema inmunitario. Alguien me dice: “¡Buenos días!”. Levanto la mirada. Era el conductor, saludándome con una sonrisa de oreja a oreja. “Hola”, le respondo. Era lo primero que me decían en la mañana, porque al salir de casa, mis padres siguen durmiendo. Aprecié el gesto. Los exámenes me han ido mucho mejor de lo esperado.

Día 85. Segundo día. Hoy es fácil: Filosofía, inglés y mates del social. No estoy mirando los apuntes todo el rato. Cojo el bus, el mismo conductor. “¡Buenos días!”, nos decimos a la vez.

Día 86. Sigo saliendo antes, sin carreras ni prisas. Llego a la parada con tiempo y espero más tranquila. 07:09. Puntual otra vez. Entro por la primera puerta. “¡Buenos días!”. Esta vez ya no me sorprende, pero me sigue gustando. Me siento cerca, sin abrir los apuntes, mirando por la ventana. Me doy cuenta de que voy más tranquila.

Día 90. Último día de trimestrales. Me despierto antes del despertador. Desayuno en casa y salgo con calma. Llego pronto. “¡Buenos días!”. Por primera vez en semanas, no pienso en el examen nada más subir al bus.

Día 97. Vuelta a la rutina. Pero ya no es lo mismo. Me levanto antes casi sin darme cuenta. Llego con margen y entro por delante siempre que puedo. “Buenos días”. A veces me responden, a veces no. Lo digo igual.

Día 118. Me encuentro otra vez con el mismo conductor. “¡Buenos días!”. Me reconoce. Yo también. Es solo un momento, pero me alegra toda la mañana.

Día 134. Llueve mucho. Llego a la parada empapada, pero sin haber corrido. Subo. “Buenos días”. Esta vez alguien desde atrás me sonríe. Le devuelvo la sonrisa.

Día 150. Ya es costumbre: levantarme antes, llegar antes, saludar siempre. Sin pensarlo.

Día 162. Segundo sigue siendo duro, los exámenes no desaparecen. Pero las mañanas ya no empiezan corriendo ni con esa sensación de llegar tarde a todo. Empiezan con un “buenos días”.

Día 180. Últimas semanas. Miro atrás y casi no me reconozco corriendo detrás del 67. Ahora entro por la primera puerta. No solo por el conductor, sino por cómo cambia el inicio del día.

Día 185. Suba al bus que suba, saludo igual. A veces no hay respuesta. Me da igual. El gesto ya es mío. Y eso basta.