Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 años
Centre escolar
Institució Igualada
La parada maldita
—¿Llevas los billetes? —preguntó Marta mientras subían al tren de la Estación de Sants.
—Sí, tranquila —dijo Dani—. iremos por Barcelona.
El tren empezó normal.
—Qué raro que haya tan poca gente —dijo Marta.
—Mejor —respondió Dani.
Pasó un rato.
—¿Cuánto llevamos? —preguntó Marta.
—No lo sé… bastante —dijo Dani—. Ya tendríamos que haber pasado por la estación del Passeig de Gràcia.
—Sí… y no hemos parado.
El tren seguía sin parar.
—Esto no es normal…
Un hombre mayor se acomodó y habló:
—No sois los primeros que se dan cuenta tarde.
El tren frenó fuerte.
—Próxima estación… Vallclara.
—Eso no existe —dijo Dani.
El sitio estaba viejo y sucio. Algunas personas bajaron.
—No me gusta —dijo Marta—. Mejor no bajemos.
Las puertas se cerraron.
—No han vuelto…
—Los que bajan no vuelven igual —dijo el hombre.
Dani miró el móvil.
—No está saliendo nada… ni el tren ni la línea.
—¿Qué hora es? —preguntó Marta.
—23:17.
—Igual… y no cambia.
El tren paró otra vez.
—Próxima estación: Sant Ildefons.
—Tampoco existe…
Había gente quieta en el andén.
—No miréis —dijo el hombre.
Pero todos giraron la cabeza.
—Habéis llegado tarde —dijo una mujer.
—¿Tarde a qué? —preguntó Dani.
—A morir.
—Fue un accidente —dijo otro—. Diecisiete personas. A las 23:17.
—¿Entonces estamos…?
—Atrapados —dijo el hombre.
—¿Hay forma de salir? —preguntó Marta.
—Sí —dijo la mujer—. No subiendo.
Las puertas se cerraron.
El tren siguió.
—Dani… mira.
Ahora había más gente en los asientos.
—Somos diecisiete.
El reloj no cambió.
23:17. Para siempre.
—Sí, tranquila —dijo Dani—. iremos por Barcelona.
El tren empezó normal.
—Qué raro que haya tan poca gente —dijo Marta.
—Mejor —respondió Dani.
Pasó un rato.
—¿Cuánto llevamos? —preguntó Marta.
—No lo sé… bastante —dijo Dani—. Ya tendríamos que haber pasado por la estación del Passeig de Gràcia.
—Sí… y no hemos parado.
El tren seguía sin parar.
—Esto no es normal…
Un hombre mayor se acomodó y habló:
—No sois los primeros que se dan cuenta tarde.
El tren frenó fuerte.
—Próxima estación… Vallclara.
—Eso no existe —dijo Dani.
El sitio estaba viejo y sucio. Algunas personas bajaron.
—No me gusta —dijo Marta—. Mejor no bajemos.
Las puertas se cerraron.
—No han vuelto…
—Los que bajan no vuelven igual —dijo el hombre.
Dani miró el móvil.
—No está saliendo nada… ni el tren ni la línea.
—¿Qué hora es? —preguntó Marta.
—23:17.
—Igual… y no cambia.
El tren paró otra vez.
—Próxima estación: Sant Ildefons.
—Tampoco existe…
Había gente quieta en el andén.
—No miréis —dijo el hombre.
Pero todos giraron la cabeza.
—Habéis llegado tarde —dijo una mujer.
—¿Tarde a qué? —preguntó Dani.
—A morir.
—Fue un accidente —dijo otro—. Diecisiete personas. A las 23:17.
—¿Entonces estamos…?
—Atrapados —dijo el hombre.
—¿Hay forma de salir? —preguntó Marta.
—Sí —dijo la mujer—. No subiendo.
Las puertas se cerraron.
El tren siguió.
—Dani… mira.
Ahora había más gente en los asientos.
—Somos diecisiete.
El reloj no cambió.
23:17. Para siempre.