Autor/a
Felipa
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 años
Centre escolar
Col·legi Canigó de Barcelona
Relat escolar

TESTIGO

Lo vi todo.
Como siempre. Como con todo el mundo. Esa es mi condena: verlo todo y no poder decir nada. Las puertas se abren, entra el mundo entero, y yo me quedo aquí guardando lo que nadie debería guardar solo.
Esa noche subieron pocos. Era tarde y el vagón estaba casi vacío. Un hombre mayor cerca de la puerta. Una chica con auriculares que no levantó la vista en todo el trayecto. Y alguien más, al fondo, que llevaba la capucha puesta aunque no hacía frío.
El hombre mayor miraba el suelo. Tenía las manos juntas encima de las rodillas, esa postura de las personas que están esperando algo sin saber exactamente qué.
En la parada de Rocafort las puertas se abrieron. No subió nadie. No bajó nadie.
Pero algo cambió.
Lo noto siempre, ese momento en que el aire dentro de mí se vuelve distinto. Más denso. Como cuando va a pasar algo y el mundo entero hace una pausa pequeñísima antes de que pase.
La capucha se levantó.
La chica de los auriculares siguió sin mirar.
Yo seguí avanzando porque no sé hacer otra cosa.
En Paral·lel las puertas se abrieron de par en par y entró gente nueva con sus vidas nuevas y sus conversaciones y sus prisas, y nadie miró al hombre mayor que seguía sentado con las manos juntas encima de las rodillas.
Nadie excepto yo.
La capucha ya no estaba.
Tú bajaste en Entença. Lo recuerdo perfectamente. Recuerdo cómo te recolocaste la mochila antes de salir. Cómo esperaste a que las puertas estuvieran casi cerradas. Cómo no miraste atrás.
Yo sí te miré.
Llevo días preguntándome si volverás. Si subirás otra vez con esa capucha y esa manera de sentarte al fondo, y si habrá alguien más con las manos juntas esperando algo sin saber qué.
Pero tú lo sabes.
Tú siempre lo has sabido.
Y ahora yo también sé quién eres.
El problema es que soy un metro.
Y los metros no hablan