Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 años
Centre escolar
Institució Igualada
El vagón secuestrado
Todo empezó como un día normal. Eran las seis de la tarde y el metro de Barcelona estaba bastante lleno. Yo volvía a casa después de acabar el instituto. Estaba muy cansado, ya que en la escuela había hecho muchas actividades. Entré en el segundo vagón del tren, ya que era el que más cerca estaba de mí, y me puse cerca de la puerta, mirando el móvil.
En una de las paradas subió un grupo de cinco chicos. Iban vestidos todos de forma parecida, con sudaderas del mismo color y gorras a conjunto. Al momento de entrar, se repartieron por todo el vagón, pero algo de ellos me hizo sospechar.
De repente, cuando salimos de la estación, uno de estos hombres tocó la alarma. Las luces empezaron a parpadear y la gente estaba muy asustada. Al cabo de poco tiempo, los hombres sacaron objetos y empezaron a amenazar a la gente. No parecían pistolas, pero igualmente parecían peligrosos.
Uno de ellos empezó a pedir solo objetos de valor, como relojes, móviles, carteras o dinero. Algunos pasajeros empezaron a entregar todas sus pertenencias de valor, pero yo no sabía qué hacer. Tenía mucho miedo, ya que nunca me había encontrado con algo parecido.
Pero, por suerte, no todo salió como ellos esperaban.
Una mujer mayor que estaba sentada al fondo cogió el móvil y envió un mensaje. Nadie la vio, pero lo que hizo fue pedir ayuda a emergencias.
Los ladrones seguían pidiendo las pertenencias y ellos pensaban que tenían todo bajo control, pero de repente se empezaron a escuchar sirenas.
Los ladrones se miraron entre ellos y, por lo que parecía, no sabían qué hacer.
Al cabo de unos minutos, se empezaron a escuchar voces desde fuera del vagón. Era la policía. Los policías consiguieron entrar y redujeron a todos los ladrones, uno a uno.
Cuando todo esto se acabó, algunas personas estaban llorando, otras abrazándose, y yo lo único que hacía era pensar en todo lo que acababa de ocurrir. La policía cogió todos los objetos que habían robado y los repartió a sus propietarios.
Al salir del metro, parecía todo igual, pero yo sabía que algo había cambiado. Ese día entendí que, incluso en un lugar donde hay tanta gente como en el metro, puede pasar algo inesperado, como lo que me había pasado a mí.
Y cada vez que me subo al metro, no solo lo veo como un medio de transporte, sino como un lugar donde puede pasar cualquier cosa.
En una de las paradas subió un grupo de cinco chicos. Iban vestidos todos de forma parecida, con sudaderas del mismo color y gorras a conjunto. Al momento de entrar, se repartieron por todo el vagón, pero algo de ellos me hizo sospechar.
De repente, cuando salimos de la estación, uno de estos hombres tocó la alarma. Las luces empezaron a parpadear y la gente estaba muy asustada. Al cabo de poco tiempo, los hombres sacaron objetos y empezaron a amenazar a la gente. No parecían pistolas, pero igualmente parecían peligrosos.
Uno de ellos empezó a pedir solo objetos de valor, como relojes, móviles, carteras o dinero. Algunos pasajeros empezaron a entregar todas sus pertenencias de valor, pero yo no sabía qué hacer. Tenía mucho miedo, ya que nunca me había encontrado con algo parecido.
Pero, por suerte, no todo salió como ellos esperaban.
Una mujer mayor que estaba sentada al fondo cogió el móvil y envió un mensaje. Nadie la vio, pero lo que hizo fue pedir ayuda a emergencias.
Los ladrones seguían pidiendo las pertenencias y ellos pensaban que tenían todo bajo control, pero de repente se empezaron a escuchar sirenas.
Los ladrones se miraron entre ellos y, por lo que parecía, no sabían qué hacer.
Al cabo de unos minutos, se empezaron a escuchar voces desde fuera del vagón. Era la policía. Los policías consiguieron entrar y redujeron a todos los ladrones, uno a uno.
Cuando todo esto se acabó, algunas personas estaban llorando, otras abrazándose, y yo lo único que hacía era pensar en todo lo que acababa de ocurrir. La policía cogió todos los objetos que habían robado y los repartió a sus propietarios.
Al salir del metro, parecía todo igual, pero yo sabía que algo había cambiado. Ese día entendí que, incluso en un lugar donde hay tanta gente como en el metro, puede pasar algo inesperado, como lo que me había pasado a mí.
Y cada vez que me subo al metro, no solo lo veo como un medio de transporte, sino como un lugar donde puede pasar cualquier cosa.