Autor/a
Venecia1976
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

EN SUS ZAPATOS

10:00 de la mañana, me queda media hora de camino y pocos días para entregar un trabajo sobre la sociedad en la que vivimos ,hoy no tengo prisa

Al bajarme y andar por esos pasillos largos, me detiene la voz de un chico joven.

De cabello oscuro y barba, complexión delgada. Lleva una chaqueta de lana de rayas, pantalones marrones, botas bastante desgastadas y, en sus manos, una guitarra.

Siempre está ahí, en ese pasillo, pero nunca me paré a escucharlo por las prisas.


Algo me hace detenerme justo enfrente de él.

Canta y toca con un sentimiento que te llega al alma. La gente pasa con prisas, nadie se detiene.

Y me produce tristeza, porque es digno de escuchar. Ocho horas cantando, como si fuera invisible para el resto de personas, como si su música se la cantara a ese pasillo de paredes frías, blancas y azules, como las de un hospital, con un cartel con flecha de salida.

El plato está vacío. Le echo unas monedas y me da las gracias. Deja de cantar y bebe agua de una pequeña botella.

Le pregunto qué le llevó a tocar aquí. Y me contó su historia.

Se llama Daniel, extremeño. Lleva cinco años en Barcelona. Domina bien el catalán. Vendió sus tierras, herencia de sus abuelos, para empezar una nueva vida junto a una catalana de la que se enamoró perdidamente.A su familia no le gustaba ella, Clara, quien le insistió en invertir el dinero de esas tierras, junto a otro socio, para montar un bar musical en la capital, donde el éxito estaba garantizado.

Al poco de montarlo, ella se quedó embarazada. Tuvieron al bebé. Al año y medio, sufrieron un accidente de tráfico en el que viajaban Clara, Oriol, el socio, y el pequeño Daniel, de tan solo un año.

Ella quedó en coma, Oriol herido leve, y el pequeño se debatía entre la vida y la muerte. Se necesitaba sangre de su grupo sanguíneo.

Él se encontraba en su pueblo, en la notaría, tras recibir la herencia de sus padres, ya fallecidos. Al avisarle, cogió el AVE corriendo: su hijo necesitaba su sangre.

Llegó al hospital. Oriol estaba allí, con apenas unos rasguños, llorando desconsolado. Se sentía culpable , se fundieron en un abrazo .Clara seguía en coma.

En ese momento llamaron al padre de Daniel. Ambos se levantaron a la vez, quizá por los nervios.

Daniel entró al box, dispuesto a salvar a su pequeño.

A las pocas horas salió, y Oriol ya no estaba.

Una doctora se acercó con gesto serio.

—Daniel, su sangre no es compatible. Usted no es el padre.
Su rostro cambió.

Se le vino el mundo encima. Ella lo había engañado desde el primer día. Solo lo utilizó para montar el bar musical y vender las tierras que con tanto sacrificio habían conseguido sus abuelos y sus padres.

Todo parecía encajar: las reuniones con Oriol, los viajes, las dudas.

Corrió por el hospital buscando a Oriol, pero no contestaba al teléfono, como si se lo hubiera tragado la tierra.

Oriol por ayudar también donó sangre y sin saberlo descubrió que él era el papá .

Tras la operación no hizo falta transfusión, pero la verdad ya había salido a la luz.

Daniel, por vergüenza, no pudo volver a su pueblo. Ya no tenía a su familia ni las tierras que vendió para tener una vida mejor.

Aquí se quedó sin nada, sin piso, sin aquel pequeño que creyó su hijo. A veces, en el parque, se esconde para verlo jugar, porque el también unos años fue su papá

Le salvó su guitarra de una depresión, la música su única salvación .


Tenemos que pararnos, un segundo, para ponernos en los zapatos de los demás y saber la historia real .