Autor/a
Anais
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Los túneles del tiempo

La chica subió al metro de la Línea 3 pensando que sería un viaje normal. Lo había hecho muchas veces antes, siempre de la misma manera, siempre rutinario. Se sentó, puso música y esperó a que el tren arrancara.

Pero algo cambió cuando el metro entró en el túnel.

Un parpadeo. Un temblor raro. Un silencio demasiado profundo.

Cuando las luces volvieron a la normalidad, la chica levantó la vista… y no estaba en el mismo vagón. Los asientos eran diferentes, los colores también, incluso la gente parecía vestida de otra forma. Miró alrededor, confundida. Nadie más parecía haberse dado cuenta.

El metro se detuvo en una estación que no conocía. El cartel decía “Trinitat Nova”, pero no era la Trinitat Nova que ella conocía. Todo era más moderno, más luminoso, como si lo hubieran renovado por completo.

Volvió a subir al metro. El tren arrancó.

Entró en el segundo túnel.

Y ocurrió de nuevo.

Estaba en otro vagón.

Ahora estaba en la Línea 5. Luego en la 1. Luego en un tren que ni siquiera sabía que existía. Cada vez que el metro entraba en la oscuridad, ella cambiaba de línea, de vagón, de época… sin que nadie más lo notara.

Empezó a sentir miedo. No sabía dónde estaba ni cuánto tiempo llevaba viajando. Cuando por fin vio una estación conocida, decidió bajarse. Pensó que estaría cerca de su destino, que solo tendría que caminar un poco.

Pero al salir a la calle, todo era irreconocible.

Los edificios eran más altos. Los coches, silenciosos. Las pantallas, gigantes. La gente vestía de forma diferente. Todo parecía… demasiado avanzado.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Volvió al metro corriendo. Necesitaba algo que la anclara. Se acercó a un señor mayor que esperaba en el andén.

—Perdone… ¿qué fecha es hoy?

El hombre la miró sorprendido, pero respondió con naturalidad:

—Hoy es 17 de abril de 2068.

La chica se sintió como si el suelo se hubiera derrumbado bajo sus pies.

¿2068?

¿Había viajado… décadas?

Recordó entonces cada túnel, cada salto, cada cambio de vagón. Cada uno había sido un portal. Cada uno la había empujado diez años hacia adelante. Y ella, sin saberlo, había ido saltando por el tiempo como quien cambia de asiento.

Asustada, volvió a subir al metro. Necesitaba regresar. Necesitaba despertar de aquella locura.

El tren arrancó.
Entró en un túnel.
Oscuridad total.
Y entonces, una voz.

—Próxima estación: Passeig de Gràcia.

Abrió los ojos de golpe.

Estaba en su vagón de siempre. La gente era la de siempre. El metro era el de siempre. Tenía el móvil en la mano, la música sonando… y la cabeza apoyada contra la ventana.

Se había quedado dormida.

Miró alrededor, todavía con el corazón acelerado. Todo estaba en su sitio. Todo era normal.

Sonrió para sí misma y pensó:

—Vaya sueño más raro…

Pero cuando el metro se detuvo, vió algo que la dejó helada: en el suelo, justo frente a ella, había un billete de metro… con fecha 17/04/2068.