Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 años
Centre escolar
Institució Igualada
Un viaje emocionante en e
Me llamo Carla. El verano pasado fui con mis padres a la montaña y vivimos una aventura inolvidable. Era la primera vez que me iba a subir a un teleférico y estaba muy emocionada y un poco nerviosa. Siempre había visto teleféricos en fotos o en las películas, pero nunca, pero nunca había montado uno de verdad. Cuando llegamos a la estación del teleférico miré hacia arriba y vi el cable que subía hasta la cima de la montaña. El teleférico parecía muy pequeño desde abajo y pensé que estaba muy alto. En ese momento me dio miedo subir, porque me dan miedo las alturas. Aun así tenía muchas ganas de subir para ver las vistas desde arriba.
Entramos a la cabina mi padre, mi madre y yo. Las puertas se cerraron y el teleférico empezó a moverse lentamente. Sentí como si el suelo se fuera alejando poco a poco. Al principio me agarré fuerte a la barra porque me daba miedo mirar hacia abajo. Pero mi madre me dijo que me tranquilizara y que mirara el paisaje. Entonces me acerqué a la ventana y empecé a mirar todo. Desde arriba los árboles parecían muy pequeños. Las casas se veían diminutas y los coches parecían hormigas por la carretera. Me sorprendió mucho ver cómo cambiaba todo cuando lo miras desde arriba.
A mitad de camino el teleférico se paró durante unos minutos. Todo se quedó en silencio y yo miré a mis padres preocupada. Pensé que se había estropeado. Pero mi padre me explicó que a veces los teleféricos se detienen un momento y que era algo normal. Aunque solo estuvimos parados un rato, a mí se me hizo eterno. Miré hacia abajo y me dio vértigo pero me pude tranquilizar. Después de unos minutos el teleférico volvió a funcionar y todos nos sentimos más tranquilos. Cada vez faltaba menos para llegar a la cima de la montaña. Cuando por fin llegamos y se abrieron las puertas, salí muy contenta. Desde arriba las vistas eran impresionantes. Pude ver un lago a lo lejos y muchas montañas. Me quedé mirando el paisaje un rato porque era muy bonito.
Ese día aprendí que aunque algo dé un poco de miedo, hay que ser valiente y enfrentarlo. Por eso sé que subir al teleférico fue una de las aventuras más emocionantes que he vivido.
Entramos a la cabina mi padre, mi madre y yo. Las puertas se cerraron y el teleférico empezó a moverse lentamente. Sentí como si el suelo se fuera alejando poco a poco. Al principio me agarré fuerte a la barra porque me daba miedo mirar hacia abajo. Pero mi madre me dijo que me tranquilizara y que mirara el paisaje. Entonces me acerqué a la ventana y empecé a mirar todo. Desde arriba los árboles parecían muy pequeños. Las casas se veían diminutas y los coches parecían hormigas por la carretera. Me sorprendió mucho ver cómo cambiaba todo cuando lo miras desde arriba.
A mitad de camino el teleférico se paró durante unos minutos. Todo se quedó en silencio y yo miré a mis padres preocupada. Pensé que se había estropeado. Pero mi padre me explicó que a veces los teleféricos se detienen un momento y que era algo normal. Aunque solo estuvimos parados un rato, a mí se me hizo eterno. Miré hacia abajo y me dio vértigo pero me pude tranquilizar. Después de unos minutos el teleférico volvió a funcionar y todos nos sentimos más tranquilos. Cada vez faltaba menos para llegar a la cima de la montaña. Cuando por fin llegamos y se abrieron las puertas, salí muy contenta. Desde arriba las vistas eran impresionantes. Pude ver un lago a lo lejos y muchas montañas. Me quedé mirando el paisaje un rato porque era muy bonito.
Ese día aprendí que aunque algo dé un poco de miedo, hay que ser valiente y enfrentarlo. Por eso sé que subir al teleférico fue una de las aventuras más emocionantes que he vivido.