Autor/a
Lletres viatgeres
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 años
Centre escolar
Institució Igualada
TMB, mi aventura favorita
Un día, cuando salí del colegio, decidí no volver a casa directamente. Quería dar una vuelta y fijarme más en el ambiente del transporte de Barcelona, como si fuera una aventura.
Primero bajé al metro. Al entrar ya se notaba ese olor extraño mezclado con aire frío y un poco de humedad. Cuando llegó el tren, hizo ese ruido fuerte de siempre, como si estuviera enfadado. Me senté y empecé a mirar a la gente. Había unos trabajadores cansados, una chica escuchando música a tope y moviendo la cabeza y un grupo de adolescentes riendo sin parar. En una parada subió un músico con una guitarra y empezó a tocar para que le dieran dinero. La música no estaba mal. Hacia un ambiente más amigable. Yo pensaba que el metro era un sitio donde cada persona va a su mundo, pero todos están juntos.
Después de unas paradas, me bajé y decidí coger un bus. Al subir, saludé al conductor, pagué y me senté al lado de una ventana. Me gusta porque puedes ver todo lo que pasa fuera, como una peli, vaya… Vi coches deportivos, tiendas de ropa, gente paseando al perro y vehículos pitando…vaya lo de siempre en Barcelona. El bus se paraba cada poco rato y subía y bajaba más gente. Unas señoras empezaron a hablar y aunque no se conocían de nada pero hablaban como amigas de la infancia. El ambiente era más tranquilo que en el metro.
Al final decidí hacer algo diferente y fui a un funicular. No lo había cogido nunca, así que me hacía ilusión. Cuando subí, flipé un poco con las vistas. Se veía toda Barcelona y parecía todo pequeño. La gente estaba más relajada, algunos haciendo fotos y otros sólo observando. No había tanto ruido ni prisa, y eso se notaba mucho.
Cuando terminé el viaje, me di cuenta de que no había sido un día normal. ¡Había experimentado los transportes de Barcelona!. Al final volví en taxi a casa. Pensé que aunque parezca aburrido, en realidad son muchas vidas diferentes a las que se cruzan sin darse uno cuenta.
Primero bajé al metro. Al entrar ya se notaba ese olor extraño mezclado con aire frío y un poco de humedad. Cuando llegó el tren, hizo ese ruido fuerte de siempre, como si estuviera enfadado. Me senté y empecé a mirar a la gente. Había unos trabajadores cansados, una chica escuchando música a tope y moviendo la cabeza y un grupo de adolescentes riendo sin parar. En una parada subió un músico con una guitarra y empezó a tocar para que le dieran dinero. La música no estaba mal. Hacia un ambiente más amigable. Yo pensaba que el metro era un sitio donde cada persona va a su mundo, pero todos están juntos.
Después de unas paradas, me bajé y decidí coger un bus. Al subir, saludé al conductor, pagué y me senté al lado de una ventana. Me gusta porque puedes ver todo lo que pasa fuera, como una peli, vaya… Vi coches deportivos, tiendas de ropa, gente paseando al perro y vehículos pitando…vaya lo de siempre en Barcelona. El bus se paraba cada poco rato y subía y bajaba más gente. Unas señoras empezaron a hablar y aunque no se conocían de nada pero hablaban como amigas de la infancia. El ambiente era más tranquilo que en el metro.
Al final decidí hacer algo diferente y fui a un funicular. No lo había cogido nunca, así que me hacía ilusión. Cuando subí, flipé un poco con las vistas. Se veía toda Barcelona y parecía todo pequeño. La gente estaba más relajada, algunos haciendo fotos y otros sólo observando. No había tanto ruido ni prisa, y eso se notaba mucho.
Cuando terminé el viaje, me di cuenta de que no había sido un día normal. ¡Había experimentado los transportes de Barcelona!. Al final volví en taxi a casa. Pensé que aunque parezca aburrido, en realidad son muchas vidas diferentes a las que se cruzan sin darse uno cuenta.