Autor/a
Currer Bell
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Cada mañana

Cada mañana salgo de casa a las 8:52. Nunca a las 8:51 ni a las 8:53. Siempre es a y 52. Y, cada mañana, paso por la panadería de enfrente, donde me compro un café y un cruasán por 2,50. Ofertaza. Luego, como cada mañana, subo la calle y espero en la parada de bus a que llegue el 33, que suele ser hacia las 9:12, si todo va bien. Cuando subo al bus, pico y me siento detrás de todo, al lado de la ventanilla. Luego, abro Spotify y le doy play a For Emma, Forever Ago de Bon Iver. Cada mañana, en el momento en que empiezan a reproducirse las primeras notas de Skinny Love en mis auriculares de cable, sube él.

Hoy es lunes. Los lunes lleva sus zapatillas rojas y su termo de café en la mano. Supongo que él también necesita ese pequeño empujón para comenzar la semana. Pica y se sienta, como cada lunes, delante mío. Antes de sentarse, pero, se sucede esa fracción de segundo diaria de contacto visual, esa fracción de segundo en la que mi pulso se acelera y noto un temblor en el labio que acaba convirtiéndose en un amago de sonrisa tímida. Y es en ese momento en el que nuestras mirada se cruzan, cuando se inicia en mi mente una sucesión de fotogramas capturados en un multiverso desconocido, una realidad paralela en la que al fin me levanto, me siento a su lado y le saludo. En esa realidad, mi yo alternativo es capaz de elogiar sus zapatillas rojas, y él me sonríe. En esa realidad, yo le comento que llevo días viendo que está leyendo El Guardián entre el centeno, mi libro favorito, y lo comentamos durante las 14 paradas que dura su trayecto. También, en esa realidad, nos intercambiamos números, con la promesa de un futuro encuentro que no ocurriría sobre ruedas, sino en una mesa, con dos sillas y dos cervezas delante.

Hasta ahora, esa fantasía ha consumido todos mis trayectos en el bus de camino al trabajo y parte de mi jornada laboral y con eso creía que me bastaba. Hasta hoy. Porque hoy, a diferencia de cada mañana, la yo de esa realidad paralela y mi yo de esta realidad se han dado la mano y me he levantado, he avanzado hacia la fila de delante y, con voz y pulso temblorosos y con ese amago de sonrisa tímida con el que le saludo a diario, le he mirado a los ojos y le he preguntado “perdona, ¿está este asiento ocupado?”.