Autor/a
Lolindels
Categoria
Relat lliure
Como ladrón en la noche.
Unidad K9
11:33h
Bajo mis cuatro patas se extiende una red infinita de túneles por los que grandiosas bestias de acero circulan, llevando pasajeros de un punto a otro, a una velocidad imposible. Permitirme el acceso una vez al mes a ese mundo subterráneo, poblado de aromas sui generis de los que la superficie se halla privada, es uno de los placeres más exquisitos que pueda brindar una metrópoli tan extensa a los sentidos del gusto y del olfato. Por eso no entiendo por qué algunos hombres viajan con caras largas o ensimismados en sus teléfonos-idiotas al margen del bogar mecánico de tales prodigios de la humanidad, sin detenerse en cada rincón, sin examinar por recovecos, sin llegar a las entrañas. Los veo tan perdidos y fuera de sí que puedo ver a través de ellos, olfatear lo que piensan y escuchar lo que callan sus corazones, deducir por qué es esta y no otra, la vida que les ha tocado vivir en nuestra gigantesca Babilonia.
Sniff, Sniff, Sniff
Ese de ahí es OSCAR, el hombre que se dispone a sentarse en medio de Ariadna y Javier. No se ha duchado por tercer día consecutivo. Debe la renta de un mes y su aliento revela que se alimenta tan solo de arroz a la cubana. Su mujer y sus hijas están en Medellín, él acaba de verse con una joven de la que se enamoró en el "Nido Rojo", club al que asiste con la misma regularidad que a misa. Desprende un aroma fúngico que evoca en mí los primeros días en la Perrera de Sanlúcar antes de ser reclutada por la Unidad Canina. Al lado, de pie y tambaleándose con nerviosismo, está JORGITO; un bebedor crónico y tahúr que es explotado dieciséis horas al día por una red de carniceros sudamericanos —su aroma de bistec andante no se puede disimular—Como no tiene papeles, según huelo, y porque sus cincuenta y cinco años le han traído más achaques físicos que sabiduría, le toca aguantar esa vaina.
Sniff, Sniff, Sniff
JÉSSICA aún no se ha dado cuenta pero su teléfono móvil ya tiene otro dueño. Su rastro se pierde en este supermar de fragancias…
VICTORIA no ha hecho otra cosa que fumar y escribir cuentos eróticos inspirados en los diarios de Anaïs Nin, aunque no lleve libreta en su mente ella; escribe, escribe, escribe.
Sniff, Sniff, Sniff
KARINA, de quien se ha dicho, no sin razón, que era una sacerdotisa antigua, sueña con utopías en las que los amos del mundo la veneran como becerro.
A sus cuarenta y siete años ROSALBA está por primera vez satisfecha consigo misma. Sus operaciones económicas y estéticas están dando frutos.
Un hombre sin nombre se acerca por el pasillo con la cadencia de una procesión. Sus cánticos en adoración a Dios ponen la piel de gallina. Es invidente, perdió la vista después de contemplar la verdad. Todos le miran y, arrastrados por una fuerza que no alcanzan a comprender, prorrumpen en llanto y llenan las jícaras del ciego con monedas y alabanzas a YHWH.
11:33h
Bajo mis cuatro patas se extiende una red infinita de túneles por los que grandiosas bestias de acero circulan, llevando pasajeros de un punto a otro, a una velocidad imposible. Permitirme el acceso una vez al mes a ese mundo subterráneo, poblado de aromas sui generis de los que la superficie se halla privada, es uno de los placeres más exquisitos que pueda brindar una metrópoli tan extensa a los sentidos del gusto y del olfato. Por eso no entiendo por qué algunos hombres viajan con caras largas o ensimismados en sus teléfonos-idiotas al margen del bogar mecánico de tales prodigios de la humanidad, sin detenerse en cada rincón, sin examinar por recovecos, sin llegar a las entrañas. Los veo tan perdidos y fuera de sí que puedo ver a través de ellos, olfatear lo que piensan y escuchar lo que callan sus corazones, deducir por qué es esta y no otra, la vida que les ha tocado vivir en nuestra gigantesca Babilonia.
Sniff, Sniff, Sniff
Ese de ahí es OSCAR, el hombre que se dispone a sentarse en medio de Ariadna y Javier. No se ha duchado por tercer día consecutivo. Debe la renta de un mes y su aliento revela que se alimenta tan solo de arroz a la cubana. Su mujer y sus hijas están en Medellín, él acaba de verse con una joven de la que se enamoró en el "Nido Rojo", club al que asiste con la misma regularidad que a misa. Desprende un aroma fúngico que evoca en mí los primeros días en la Perrera de Sanlúcar antes de ser reclutada por la Unidad Canina. Al lado, de pie y tambaleándose con nerviosismo, está JORGITO; un bebedor crónico y tahúr que es explotado dieciséis horas al día por una red de carniceros sudamericanos —su aroma de bistec andante no se puede disimular—Como no tiene papeles, según huelo, y porque sus cincuenta y cinco años le han traído más achaques físicos que sabiduría, le toca aguantar esa vaina.
Sniff, Sniff, Sniff
JÉSSICA aún no se ha dado cuenta pero su teléfono móvil ya tiene otro dueño. Su rastro se pierde en este supermar de fragancias…
VICTORIA no ha hecho otra cosa que fumar y escribir cuentos eróticos inspirados en los diarios de Anaïs Nin, aunque no lleve libreta en su mente ella; escribe, escribe, escribe.
Sniff, Sniff, Sniff
KARINA, de quien se ha dicho, no sin razón, que era una sacerdotisa antigua, sueña con utopías en las que los amos del mundo la veneran como becerro.
A sus cuarenta y siete años ROSALBA está por primera vez satisfecha consigo misma. Sus operaciones económicas y estéticas están dando frutos.
Un hombre sin nombre se acerca por el pasillo con la cadencia de una procesión. Sus cánticos en adoración a Dios ponen la piel de gallina. Es invidente, perdió la vista después de contemplar la verdad. Todos le miran y, arrastrados por una fuerza que no alcanzan a comprender, prorrumpen en llanto y llenan las jícaras del ciego con monedas y alabanzas a YHWH.