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Recuerdame
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Relat lliure
Relat lliure

El espectador

Levanto la persiana, y cómo cualquier espectador desde el gallinero veo pasar taxis, autobuses, peatones... Sin embargo, la gran protagonista es la parada de metro que está a 20 pasos de mi ventana. Se ilumina al amanecer. Es como ver el cartel con luces de neón de una obra en el gran teatro de la vida. Las escaleras eléctricas parecen llevar a los actores hacia el escenario de las diferentes representaciones. Veo subir y bajar a un sinfín de personajes principales, cada uno interpretando su papel. En el reparto, algunos marchan con la seguridad de saber que controlan todo lo que les rodea. El tiempo que tardan en llegar de un lugar a otro está milimétricamente pensado. Son los protagonistas de su relato. En cambio, otros corren hacia no saben donde, indecisos, inseguros, con la necesidad continua de un apuntador que les recuerde el guion de su monólogo. Me pregunto hacia donde van, que actuación les tocará hoy representar.
A ratos cortos, las escaleras se quedan desnudas de actores. Imagino que están entre bambalinas, esperando el momento de comenzar su interpretación con ese pequeño nudo en el estómago para intentar no defraudar a los espectadores.
A pocos metros de la salida, una mujer reparte periódicos. Parece un personaje secundario. El tiempo ha hecho que los actores se paren a hablar con ella, incluso alguno da la impresión de que le cuente verdaderos secretos, confidencias. A veces intento leer sus labios para saber el diálogo que están manteniendo. Ella les sonríe y se convierte en cómplice de muchos de ellos.
Entre todo ese batiburrillo, es sorprendente la cantidad de extras que se reparten en la escena: barrenderos, paseadores caninos, pájaros... Todo está impecablemente coordinado para que recuerde la escena que se repite casi exacta a diario. Lo poco que cambia suele ser el atrezzo dependiendo de la época del año.
Llegando la tarde, la escenografía va modificando los colores del cielo. Veo a los niños subir y bajar las escaleras de camino a sus casas. Ellos no me engañan, son auténticos. No necesitan crear un personaje ni interpretar ningún papel, simplemente son como son. Me sacan una sonrisa. Eso sí, van acompañados de padres y abuelos que me hacen pensar si son reales, o sólo representan el papel mas importante en la vida de un niño.
Poco a poco disminuye el tráfico de actores. Los tramoyistas despliegan el escenario nocturno, y el papel de los protagonistas va cambiando. Se nota el cansancio en sus miradas, en la expresión corporal. En algunos casos el paso es mas lento, creo que no tienen ganas de llegar a su siguiente representación. En otros veo que aligeran la zancada para volver al personaje que dejaron esta mañana en zapatillas y pijama.
Parece que la obra está llegando a su fin. Es momento de bajar la persiana esperando a la nueva actuación que comenzará en pocas horas.