Autor/a
Voyenmetro
Categoria
Relat lliure
En metro
(…bajaba al metro a sabiendas de que los recorridos subterráneos nunca son inocentes y te acaban liando…) CAMEN MARTÍN GAITE, Lo raro es vivir.
Anécdota primera: Dar
Voy caminando rápido hacia la Universidad. Creo que voy a perder el metro. Mientras, cuento las pesetas para pedir un billete sencillo en la taquilla.
Casi al lado de ésta, está un señor pidiendo limosna. Se queja vociferando. Le doy algunas monedas y me mira agradecido. Después me dirijo a comprar el dicho billete.
Le doy las pesetas al taquillero. Me mira y me dice con voz grave y algo molesta:
- Faltan 80 pesetas. Y no ves que hay mucha cola. Me vas a hacer perder el tiempo.
Repaso las monedas y entonces caigo en lo que ha pasado. Le respondo:
- Perdone, es que le acabo de dar al hombre de aquí al lado unas monedas y… ahora no me llega para el billete. Y apostillo inocente:
- Y claro, no le voy a pedir al señor que me devuelva lo que le he dado.
El taquillero me mira y con cara alucinada y benévola, me dice:
- Anda, pasa…
Y me deja pasar.
(Fundido en negro).
Anécdota segunda: Tener
Estoy en el metro de nuevo.
Un señor se me acerca y me pide unos clínex. Rebusco por el bolso y palpo algo de plástico. Supongo que son los clínex y se los doy convencida. Me mira con sorpresa, así que miro su mano y, ahora sorprendida yo, veo que le he dado una compresa. Me comenta:
- Bueno, con esto también me puedo sonar…
Nos miramos, nos reímos y, como tengo que bajar ya del metro, se queda con la compresa y yo con el paquete de clínex, tranquilo y seguro en mi bolso.
(Fundido avergonzado en negro).
Anécdota tercera: Saber
Vamos en el metro mi amiga Ana y yo, camino hacia mi casa. Repasamos los exámenes que tenemos esa semana. Bajamos en Paral·lel. Miro el andén de un lado a otro y no me suena de nada. Busco el nombre de la estación y le digo a mi amiga:
- Ana, me he equivocado de parada.
Volvemos al metro, ahora en dirección contraria.
Seguimos repasando los deberes de la semana y ya no nos reímos tanto. Pensamos a la vez: ¡Maldito COU!
Bajamos. Vuelvo a mirar el andén y le explico con un hilito de voz:
- Ana, me he pasado de parada.
Me mira y me dice, entre sonriente y mosqueada:
- Lourdes, ¿tú sabes dónde está tu casa?
(Fundido, aún más en negro).
Anécdota cuarta: Sentarse
Voy cogida a una de las barras del metro. Esta vez no recuerdo a dónde voy. Lo que sí recuerdo es que voy mirando de reojo la parada donde tengo que bajarme. A ver si esta vez no me la paso.
De pronto el metro pega un frenazo muy fuerte.
Cogida aún a la barra, siento que me resbala el puño y, cual danza ligera y coordinada, me caigo hacia atrás.
Me encuentro sentada en las piernas de un hombre, de la forma más inesperada y tonta.
Nos miramos, él muy serio y yo avergonzada. Le explico:
- Perdone, es que he perdido el equilibrio.
- Nada, nada – me responde.
Pero yo pienso: nada es lo que yo querría que me hubiera pasado esta semana…
(Fundido en negro y fin).