Autor/a
Lord Gari
Categoria
Relat lliure
Entença
Hoy hay que coger el metro. La gran verdad. Verdad para todos los hoyes de la historia. También los romanos tenían que coger el metro, en sus días de hoy llenos de gloria, de patricios, de césares y de esclavos. Pero no pudieron. Sin embargo, yo hoy sí puedo tomar el metro, entrar en la caverna. Y este agujero que tan semejante es al de los orígenes de nuestros padres, a la cueva ancestral, donde vivieron y murieron y dejaron huellas y huesos de todo ello, se me aparece hoy como la cueva del mañana. Pues el hoy, electrónico, nuclear, digital, se hace eterno, ya que mañana será igual. ¿Cómo podría ser de otra forma? Salimos de las cuevas para volver a ellas. La inteligencia siempre estuvo con nosotros, y hoy, desde hace cien años, ha parido el metro, acabando así con la dependencia equina. El presente es el gusano de hierro. El cual ahora siento, desde el andén, hacer temblar el suelo, este suelo que está debajo del suelo de cada día. Subo, y conmigo, muchos otros colores y muchas otras lenguas. Pero somos todos el mismo, el que vuelve, un día más, al oficio, a sudar y a sufrir la nostalgia que impregna la vida adulta. Yo hoy, igual que mis ancestros, echo de menos algo que nunca he tenido, o que cuando supe que lo tenía ya era demasiado tarde para retenerlo. Nostalgia de la risa, nostalgia del baile, del movimiento sin sentido. Qué lejos queda la infancia jovial cada vez que subes al metro. ¡Falso amigo!, le he gritado con la voz interior, dices que me ayudas, que me haces la vida más fácil, pero me llevas donde tú quieres, sin posibilidad de salir ni volver hacia atrás. De nuevo empiezo a ver enemigos por todas partes, una psicosis de color rojo que ve el doble filo de todas las armas. De pie en un vagón, no importa cuál, veo a mis congéneres, y sé que somos lo mismo, somos ratas que se mueven ocultas bajo tierra, en los laberintos sucios y negros, los únicos por los que podemos circular. El metro es la gran ratonera, el hoyo profundo en el que nos han echado para no vernos cansados, para que no veamos nosotros todo aquello que brilla, para que la nostalgia no devenga ansia. Hay alguien arriba que nos teme.
Se abren las puertas y bajo del vagón. A mi espalda unas pequeñas luces son engullidas una vez más por las tinieblas. Sé que tengo que salir al exterior, pero algo me detiene. Tal vez sé que el sol me abrasará, o simplemente retraso lo inevitable. Quieto de pie, petrificado, con la corriente humana a mi alrededor, negándome a seguirla, me giro y miro hacia atrás, a la vía vacía. Y veo la rata, la misma rata que veo todos los días en todas las paradas. La rata que ha sido expulsada y que, como yo, vive secretamente, sin que nadie la reconozca y a la vez sabiendo que está ahí, sobreviviendo, sola en la negritud. Y tal vez deba convertirme yo también en una rata completa y no salir al exterior jamás, y esperar a que el mundo de la luz se descomponga. Pues todos los que somos subterráneos nos haremos ratas al fin y ya no abusarán más de nadie ni robarán ni matarán. No huiremos, lucharemos. Estaremos todos debajo, esperando a que nos supliquen volver a subir. Y el metro será nuestra futura casa.
Se abren las puertas y bajo del vagón. A mi espalda unas pequeñas luces son engullidas una vez más por las tinieblas. Sé que tengo que salir al exterior, pero algo me detiene. Tal vez sé que el sol me abrasará, o simplemente retraso lo inevitable. Quieto de pie, petrificado, con la corriente humana a mi alrededor, negándome a seguirla, me giro y miro hacia atrás, a la vía vacía. Y veo la rata, la misma rata que veo todos los días en todas las paradas. La rata que ha sido expulsada y que, como yo, vive secretamente, sin que nadie la reconozca y a la vez sabiendo que está ahí, sobreviviendo, sola en la negritud. Y tal vez deba convertirme yo también en una rata completa y no salir al exterior jamás, y esperar a que el mundo de la luz se descomponga. Pues todos los que somos subterráneos nos haremos ratas al fin y ya no abusarán más de nadie ni robarán ni matarán. No huiremos, lucharemos. Estaremos todos debajo, esperando a que nos supliquen volver a subir. Y el metro será nuestra futura casa.