Autor/a
Indiara
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Entre pisos y valientes

Hace 13 años, me pasó algo que nunca olvidaré. Era un día cualquiera y estaba en la entrada de mi casa con mi padre. Como tantas otras veces, presioné el botón para llamar al ascensor. Cuando las puertas se abrieron, entré sin pensarlo demasiado, todo parecía normal. Sin embargo, pasaron unos segundos, luego unos cuantos más y las puertas se cerraron lentamente detrás de mí. De repente, me di cuenta de que mi padre se había quedado afuera. El ascensor no subía ni bajaba, simplemente estaba allí, cerrado, conmigo dentro.
El silencio empezó a crecer. Miré las paredes del ascensor, el botón y las puertas que no se abrían. Sentí cómo el miedo comenzaba a crecer dentro de mí. Mi padre estaba al otro lado, pero me sentía sola. En ese momento pensé algo que, aunque era pequeña, se quedó grabado en mi cabeza: la vida se parece mucho a un ascensor, porque siempre hay otro piso al que puedes llegar, aunque a veces no sepamos cuándo se abrirán las puertas. Dentro del ascensor, el tiempo parecía pasar más lento. Mi corazón latía rápido y sentía un nudo en la garganta. Temía quedarme allí dentro durante mucho tiempo. La tristeza y el miedo empezaron a mezclarse, y las lágrimas comenzaron a caer por mi cara. Entonces escuché algo desde fuera. Mi padre había vuelto a llamar al ascensor. De repente, las puertas empezaron a abrirse. La luz del vestíbulo volvió a entrar y, en cuanto vi a mi padre, salí corriendo hacia él con la cara llena de lágrimas. Solo quería abrazarlo.
Esa experiencia se quedó conmigo durante mucho tiempo. Cada vez que tenía que usar un ascensor, como por ejemplo en el metro, sentía que el mismo miedo volvía, y mis padres tenían que acompañarme porque me daba miedo ir sola. Vivo cerca de la línea 9 del metro y, al tener que usarlo, no tenía más remedio que enfrentarme a ese miedo. En la estación donde vivo no hay escaleras para bajar al andén, así que el ascensor es la única manera de llegar al andén. Además, el recorrido es muy alto. El ascensor es transparente y, mientras baja, se puede ver toda la altura desde dentro. Al principio, esa vista me impresionaba. Sentía cómo el corazón se me aceleraba y recordaba aquel momento de mi infancia.
Poco a poco, entendí algo importante: el miedo no siempre está allí para detenernos. A veces aparece para enseñarnos a ser más valientes. El tiempo fue pasando, fui madurando y decidí que había llegado el momento de enfrentar mi miedo. La primera vez que subí sola sentí ansiedad y un poco de inquietud, pero también experimenté alegría porque había superado mi miedo. Con el tiempo, empecé a usar el ascensor sola, con mis auriculares y mi música. Cada viaje se convirtió en un pequeño paso para superar ese recuerdo.
Todos debemos darnos cuenta de que no es común quedarse atrapado en un ascensor, aunque a veces puede suceder. Muchas veces, las cosas que más miedo nos dan son las que más enseñanzas nos traen sobre la vida. El miedo puede detenernos, pero también puede mostrarnos hasta dónde podemos llegar. He comprendido que todos sentimos miedo alguna vez, aunque haya personas que no lo expresen. El miedo es una de las emociones más comunes y normales que sentimos, tanto los humanos como los animales. Los mayores retos suelen esconder las grandes lecciones y aprendizajes.
El ascensor de la línea 9 me enseñó a enfrentar mi miedo. Con cada viaje, entendí que el miedo no nos detiene, sino que nos ayuda a crecer y a descubrir que somos más valientes de lo que pensamos.