Autor/a
Estrella
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 anys
Centre escolar
Escola Parc del Guinardó
Relat escolar

La magia de los transportes pú

Era de noche, una noche de Navidad. Todos decoraban sus casas con adornos y luces. Cuando mi madre iba al hospital a trabajar pasó algo raro ¡los autobuses se conducían solos, no había conductores! Al entrar en el autobús, no había nadie sentado en los asientos. Escuchó un sonido que provenía de la pantalla, miró arriba y vio que no estaba anunciando las paradas del V23, sino que ponía con unas letras doradas “Misión Nochebuena”.

El autobús arrancó con suavidad y en vez de ir directo al hospital, se iba parando en sitios muy raros como en un parque vacío, delante de una tienda cerrada, bajo una farola que parpadeaba y junto una casa abandonada. Se abrían las puertas del autobús en cada parada, pero no subía nadie. En cambio entró una brisa de aire cálido y recorrió todo el pasillo. Cuando mi madre miró en los asientos, vio unas cajas de cristal casi transparentes. Dentro no había ropa ni juguetes, había luces de colores.
una caja tenía la luz de color azul. Era la PACIENCIA para los que llevan días esperando noticias de mejora.
Otra caja tenía la luz de color amarillo. Era la VALENTÍA para los niños que tienen que pasar la noche solitos en una camilla de hospital.
Y otra caja, la más grande de todas, era de color blanco. Era la ESPERANZA, recogida directamente del deseo de todas las familias de la ciudad.

El autobús estaba cargando lo que el personal sanitario iba a necesitar esa noche para curar no solo los cuerpos, sino los corazones de los pacientes. El autobús se paró delante de las puertas del hospital. Cuando mi madre bajó del autobús, se sintió en plena forma. El cansancio acumulado de todo el año desapareció. Las cajas de las luces de colores se convirtieron en esferas voladoras y la siguieron. Mi madre volvió a mirar el autobús y en la pantalla ahora ponía “Gracias por ser nuestras manos”. Cuando mi madre entró en el hospital, las esferas que la seguían detrás, se repartieron en varias salas.

La paciencia entró en la sala de espera calmando los nervios de los familiares. La valentía entró en las habitaciones de los niños transformando sus miedos en sueños de aventuras. Y la esperanza se quedó pegada en su uniforme para darle fuerzas para cuidar de los demás con una sonrisa.

La verdadera magia no vuela en trineo, sino que recorre nuestras calles cada noche sobre cuatro ruedas. Los autobuses no solo llevan personas de un lado a otro, son los encargados de llevar los deseos y el cariño de toda la ciudad, especialmente en Navidad.