Autor/a
xaisant
Categoria
Relat lliure
La sombra
La Sombra de Barcelona El café ya estaba frío, igual que el rastro del asesino. El comisario Julián me citó en un bar detenido en el tiempo, cerca de Vía Layetana. No me llamó por mi placa, sino por mi capacidad de ver lo que otros ignoran. —Has ganado peso, Víctor —dijo. —Es la jubilación. ¿Qué tenemos? Deslizó una fotografía: una mujer muerta en el andén de la Línea 1. Sin huellas ni causa; el corazón se detuvo. Pero en la imagen había una mancha que parecía absorber la luz, una silueta incompleta. Aparecía en todas las muertes. Lo que Julián ignoraba es que mi “intuición” tenía forma. Dejé que el frío recorriera mi espalda y mi sombra se desprendió de mí. Trepó por el taburete y leyó las notas: “Urquinaona. 18:42”. Bajé al metro sintiendo el aire pesado. Cerré los ojos y liberé a mi “otro yo”. Sentí hierro, ceniza eléctrica. Mi sombra rozó una grieta y vi un destello negro, una mano sin dedos, un frío imposible. Algo se la había bebido. Por primera vez, mi sombra tuvo miedo. Busqué a Lázaro en el Raval. Me habló de una filtración desde el otro lado, de una boca abierta en la ciudad. Me dio un amuleto de obsidiana y hierro que mi sombra absorbió, volviéndose más nítida. De vuelta al metro, percibía la ciudad: turistas vacíos, ejecutivos agotados, familias luminosas. Entonces apareció un vacío que anulaba todo. —Está aquí —sentí. Pero la verdad era otra. Mi sombra no obedecía a mi voluntad, sino a mi rabia. Mientras creía cazar al asesino, ella ejecutaba mi juicio. La mancha no era otra cosa: era mi firma. Yo drenaba vidas que despreciaba, canjeándolas por juventud. El monstruo era yo. Decidí terminarlo. Bajé a las vías muertas y encaré a mi sombra, alta y deformada. —Si tú vives, Barcelona muere —dije. Rompí el amuleto. La sombra se desgarró y el peso de mis años volvió de golpe. Mi corazón se detuvo en paz. Julián encontró mi cuerpo y una nota: “La mancha no volverá… búscalas en el espejo”. Cerró el caso como muerte natural. Al salir, miró su sombra, demasiado densa, antes de perderse en la ciudad.