Autor/a
RADIOVAN
Categoria
Relat persones traballadores de TMB
Relat lliure

LAS MULETAS INVISIBLES

Roberto no se levantaba nunca si estaba sentado en los asientos reservados para personas con Movilidad Reducida, siempre se hacía el despistado, aunque alguien los necesitara.

En medio del vagón, unas muletas parecían andar solas, sin ninguna persona que las dirigiesen hacia algún destino; Roberto era el que las llevaba, pero nadie a su alrededor le veía, parecía invisible.

Roberto había sido siempre una persona muy trabajadora, padre de dos hijos estupendos y con una esposa inteligente y guapa. Tan bien le había tratado la vida que jamás pensó que podría llegar a la situación en la que se encontraba ahora, sin poder caminar por su propio pie.

Un veintiséis de febrero, Roberto bajaba por las escaleras de la estación de Metro de Línea 1 Can Serra, tropezó él solo con sus cordones mal atados de sus zapatos y acabó rodando hasta el vestíbulo de la estación. Los agentes de atención al cliente enseguida le atendieron y llamaron rápidamente a la ambulancia; pronóstico: rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla y tobillo roto, un año de baja mínimo.

Después de un mes sin poder apoyar la pierna, comenzó a moverse con muletas y a tener que coger el Metro cada día para poder ir al centro de rehabilitación, tenía un trayecto de unos cuarenta y cinco minutos.

Ese día se había quedado dormido en los bancos reservados, pero al despertar de golpe, vio dos muletas solas acercándose a él y pidiéndole que por favor pudieran sentarse allí; no entendía nada, no había nadie dirigiéndolas.

Roberto miró hacia adelante y comprendió todo.

El cristal en frente suyo reflejaba como si fuera un espejo toda la escena, se le veía a él pero parte de su cabeza parecía transparente y hueca, sin nada en su interior, como si su conciencia se hubiera trasladado para poder mover esas muletas que andaban solas por el vagón dirigiéndose hacia él y preguntándole sin articular ni una palabra, solamente por intimidación, si le parecía correcto lo que siempre hacía, no pensar en las personas de Movilidad Reducida y no cederles el asiento.

A partir de ese instante y viendo por la situación por la que él mismo estaba pasando, reflexionó y acogió la idea del civismo urbano, recuperando de inmediato su conciencia y no volviendo a ver nunca más muletas andando solas por los vagones del Metro.