Autor/a
Ivanhoe
Categoria
Relat persones traballadores de TMB
Relat lliure

Lua y Mercedes.

A lo largo de los años en mi trabajo he conocido buenas y amables personas, pero nadie tan especial como la señora Mercedes y su perrita Lua. Esta es su historia.
Lua tenía dos meses cuando yo la conocí. En esas fechas no conducía trenes, así que estaba en las estaciones, solventando las dudas de los clientes y ayudarles en todo lo posible. Una de las estaciones que más solía frecuentar era la de Fondo.
Una de esas veces que estaba ayudando a un pasajero a comprar su tarjeta, noté como algo me estaba dando en la pierna, me giré y me encontré con la mirada de una cachorrita de labrador. Cuando acabé de atender al hombre me agaché a acariciarla.
- Parece que le has gustado- me dijo una mujer con cara bondadosa que rondaría los sesenta y algo de edad- siempre está buscando mimos, se llama Lua.
Cada poco me los encontraba en la estación y ayudaba a Mercedes, así se llamaba, a comprar su billete, y a acariciar a Lua. Al poco tiempo me comentó que era viuda y que uno de sus hijos le regaló la perrita para que no se estuviera tan sola. Otro día me comentó que le habían detectado algo en una mamografía y que le tenían que hacer una segunda exploración para salir de dudas.
Y así pasaron los años, en total ocho, ya no veía con tanta asiduidad a Mercedes y Lua, ya conducía los trenes y no paraba tanto en las estaciones.
- Iván, hay una señora que pregunta por ti- me comentó la compañera que me relevó del tren- está arriba en la taquilla. Y allí estaba Mercedes, muy deteriorada y agotada de tanta quimioterapia y Lua a su lado, que se puso como loca al verme, hacía medio año que no las veía.
- Quiero que te quedes a Lua- me comentó ella con la voz débil pero firme- sé que contigo estará bien cuidada, eres un buen chico- continuó con los ojos humedecidos- mis hijos no quieren hacerse cargo de ella y a mi no me queda mucho tiempo y cada vez me cuesta más sacarla a pasear.
Al día siguiente fuí con Mercedes por la mañana a hacer el cambio de dueño al animal. Ahora Lua ya formaba parte de mi vida, me cambié el turno de trabajo para la tarde, y por las mañanas me llevaba a Lua a la montaña o al río. Luego al recogernos, parábamos un ratito en casa de Mercedes para que Lua la viera. Mercedes cada vez estaba peor, ahora ya requería de una asistenta que la cuidaba.
Llegó un día que Mercedes no contestó al timbre, le pregunté a un vecino que salía de su bloque y me confirmó que anoche se la llevaron de urgencia al hospital y que ya no pudieron hacer nada por ella. Como si Lua comprendiera la noticia, ladró durante un buen rato de manera desgarradora, ni mis caricias podían calmarla.
Escribo la historia de Lua, los dos mirando la lápida de Mercedes, solemos venir a visitarla una o dos veces a la semana, depués de nuestras caminatas, ahora cada vez más cortas. Han pasado cuatro años desde que Mercedes se fue, Lua es una perra anciana, muy cariñosa y sigue teniendo esa mirada dulce y noble de cuando era cachorrita, pero cada vez le cuesta más caminar y se cansa más rápido.
Sé que en cualquier comento se reunirá con la mujer que la cuidó desde pequeñita, la educó y la quiso como a un hijo o nieto más. Yo me siento muy afortunado de que el destino me haya dado su compañía en sus últimos años perrunos, podría decir que los mejores años de mi vida. La vida de un perro es tan corta pero te deja una huella eterna en el corazón, al igual que algunas personas, como Mercedes.

FIN