Autor/a
Hivern9
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Nunca pasa nada

Collblanc. Nadie en este vagón me conoce, nadie sabe que me han roto el corazón y que no es la alergia de la primavera la culpable de mis ojos rojos y mi nariz irritada. Nadie sabe que en esta maleta está todo lo que queda de mi vida, lo he dejado todo allí, en nuestro piso, en su piso.

Torrasa. A mi lado se sienta una mujer que habla por teléfono en un tono que podría superar los decibelios recomendados por la OMS. Le arrancaría la cabeza con mis propias manos, grita e insulta, discute con alguien a quien llama cariño. Desde que lo dejamos no he querido hablar con nadie.

Can Tries | Gornal. He perdonado a la mujer, ella también ha perdonado a la persona al otro lado del teléfono. Sigue sin saber que estoy ahí, a su lado. Cuando todo va bien es más difícil fijarse en lo que te rodea. Todo se centra en ti, en tu vida, en el móvil, en hablar por teléfono sin que te importe que la chica que está a tu izquierda esté rota, que se va de su ciudad, de su Barcelona.


Europa|Fira. La mujer baja del metro, su lugar ahora lo ocupa un guiri, un alemán en traje. Lo sé por pegatina gigante de la bandera alemana en su maleta y por el audio que acaba de enviar, supongo que a su mujer. Haber trabajado durante cinco años con un jefe alemán ha dado sus frutos. Mi ex jefe era una hijo puta, nos humillaba y después nos ponía una tirita “team building in Port Aventura”.

Parc Logísitic. No he mirado el móvil en todo el trayecto, no quiero mirarlo, ya nada me ata aquí. No se me ha perdido nada en esta ciudad que ya no es mía y que poco a poco también desaparece para los demás.

Mercabarna. Frente a mí hay una abuela y su nieta. Recuerdo la primera vez que mi abuela me llevó a Barcelona, dimos de comer a las palomas en plaza Cataluña y fue el mejor día de mi vida. La nieta tiene médico y tiene miedo, yo también lo tengo. El miedo cambia de forma con el paso de los años pero nunca se va.

Les Moreres. La niña llora, se llama Paula, su abuela la intenta tranquilizar, como si de algo sirviera, “Es solo un momento”. Siempre es un momento hasta que lo deja de ser, hasta que dura más que “un momento” y se convierte en permanente, en un para siempre.

El Prat Estació. Cierro los ojos, apoyo la cabeza en el cristal. Pienso en lo que he dejado atrás, en lo que soy, que ya ni lo sé, en lo que viene. La abuela y Paula se levantan y preparan para salir.

Cèntric. Este metro no tiene conductor, la primera vez que me subí en él me fascinó la idea, un metro que va solo. Me sentaba en el último vagón y miraba por la gran ventana transparente como avanzaba solo. En teoría y según dicen, es más seguro. Nunca pensé que tendría tanto en común con él.

Parc Nou. Una pareja de manos entrelazadas se sube y se sienta a mi lado, sonríen, llevan maletas. Me pregunto si se irán de viaje o se marchan también. Compré un viaje de ida hace unas semanas, cuando lo supe. No pasó nada, pero algo dentro de mí sabia que no era mi lugar, que él ya no era mi hogar.

Mas Blau. A tres minuto de mi parada me entra el miedo. Miedo por irme, sola, por empezar de cero, por dejar atrás lo que era, o lo que creía que era. Me pregunto si debería quedarme, si debería dejar que el metro me lleve de vuelta a casa.

Aeroport T2. Las puertas del vagón de abren y pitan unos segundos antes de cerrarse.