Autor/a
WENDY
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Súbete

Nadie aplaude a quien tuvo la idea, probablemente sea lo justo, ¿Quién aplaude a quien dibuja un montón de bicicletas y estaciones sobre un mapa y llama a eso “libertad”? Yo sí lo aplaudiría… si fuera una bici.
Él estaba ahí, con la cabeza llena de esquinas, semáforos y calles que nunca terminan de encajar.
Pensaba en la gente como cifras y nombres invisibles, pero luego vio la bici y todo cambió, no por los planos, no por la logística, solo por la bici.
Ir con la AMBici era como entrar en un mundo paralelo donde la ciudad tenía planes propios.
Si llegabas tarde, todo parecía en tu contra, los semáforos se volvían enemigos, los charcos se lanzaban sobre tus zapatos como proyectiles y los peatones te miraban como si fueras un accidente en movimiento. En cambio si no llegabas tarde, la ciudad conspiraba de otra manera, los coches competían entre ellos y tú solo tratabas de sobrevivir mientras pedaleabas.
La bici… la bici parecía disfrutarlo más que yo.

No era solo un vehículo era un ser con voluntad propia, las ruedas crujían, el manillar vibraba, el viento golpeaba la cara. A veces no sabía si me movía yo o si se movía la ciudad a través de mí.
Había charcos que aparecían en el momento exacto para humillarme, semáforos que cambiaban de rojo a verde como jugando al ajedrez, y yo… yo solo pedaleaba.

No pedaleaba con miedo, sino con respeto y un poquito de pánico elegante. Turistas con mapas gigantes cruzaban la calle sin mirar, repartidores en monopatín parecían entrenar para la Fórmula 1 y yo trataba de mantener la dignidad como si fuera un acto de supervivencia, pero había libertad en cada pedalada.
El viento golpeaba, los pantalones se pegaban, el café derramado se enfriaba… y aun así, por unos segundos, sentía que el mundo me pertenecía. Aunque esos segundos también incluían un perro ladrando y una paloma mirándome con juicio.

Nadie entiende la AMBici hasta que la monta, nadie comprende los charcos, las cuestas, los semáforos traicioneros… ni cómo una bicicleta puede ser paciente y cruel al mismo tiempo.

Y aun así, uno sigue porque la ciudad no espera, el café se enfría, el tráfico no se detiene… y la bici… la bici sigue ahí, silenciosa, insistente, indomable, como diciendo: “Te llevé otra vez. ¿Quién más puede decir eso?”

Si quieres vivir un poco de caos, comedia, riesgo y libertad al mismo tiempo… súbete.
Deja que la AMBici te enseñe su lenguaje secreto.
No sé si la amo, pero creo que ella sí me ama a mí.