Autor/a
El transeúnte
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Tránsito(transito)

Enfrascado en mis pensamientos me hallo,
mientras transito en el interior de este habitáculo mecánico alargado.
Su morada se encuentra bajo los edificios,
dentro de la garganta de una serpiente de piedra.
Un chirrido suena al moverse sobre sus guías,
su cabeza y tronco abrazan el techo
y el vientre lo tiene lleno de gente.

Estoy de pie, en medio de la marea de transeúntes,
mi mirada estacada en el suelo,
es la inminencia de la pugna.
En la cárcel de mis anhelos y torturas
sombras extrañas se aproximan:
quieren alejarme del lucero.

Procedentes de las tinieblas
los gritos atronadores,
siento que me falta el aire.
Tiemblan mis piernas
¿hacia dónde voy?
Estoy paralizado.

Cortinas negras cubren mis ojos
ocultándome así la salida.

Percibo un hilo blanco delante de mí,
es mi faro en las más fuertes mareas,
me alumbra, me guía.
¡Qué destello!
Suena un tintineo,
despierta, vuelve, todavía hay esperanza.
La lluvia ha escampado, ya no luchan las sombras.

Estoy quieto, pero ando;
deambulo estáticamente en mi ser.
¿Quién ha ganado?
Un paso, luego, otro. ¿Hacia dónde voy?
Resuena en mí el tintineo lumínico.

Tras el silencioso conflicto, retomo mi tránsito.
La puerta está abierta... corre que se cierra.
Subo y bajo, dentro de su estómago,
el camino es infinito.
Quiero salir, sentirme rodeado del viento y la lluvia,
lejos de la jungla de cemento.

Estoy perdido, no me encuentro, no me hallo.
Puede que el trayecto arme las piezas que no me están encajando.
Tejo, entrelazo mis costuras, son verdes, rojas y azules.

Me detengo delante de la gigante lagartija verde como la menta,
que trepa montañas a través de sus raíles.
Subido a su lomo, creo que ella me encaminará al cielo.

Los pies tocan la tierra, mi mirada pinta el cielo.
Se ve la ciudad, tránsito de hormigas con traje, vestidos y faldas.
Ninguna se detiene, ¿están vivas o sólo se mueven por defecto?
Puede que caminen sobre sus ojos, así no deben ver bien.

En la punta de ese cuerno rocoso, tomo aire, respiro.
Siempre quise saber a qué huelen las nubes,
alargo el brazo, quiero tocarlas, pero están muy lejos todavía.
Espera, paciencia, me susurro.
Me siento y río, pues sé que algún día mi padre
estará flotando sobre ellas.
Él me ha enseñado que por más que el camino sea largo y confuso,
acabaré llegando a mi destino.