Autor/a
David
Categoria
Relat lliure
Zona1 Parada Final
ZONA 1 Parada Final.
Cada mañana antes de que salga el sol, bajo al andén de la línea 3 de la estación de metro Vall d’Hebrón. Tengo limitación en mis desplazamientos en torno a la zona 1 del área metropolitana, no se por qué motivo, quizás sea por mi nueva condición. Antes vivía cerca de Martorell que es zona 3, junto a mi pareja, a la que no pude decirle adiós, pues todo fue muy repentino, sin esperarlo y sin saber que pasaba, pero el caso es que ya no puedo ir a lo que un día fue mi hogar. Entro en el vagón con mis acompañantes de viaje, sin que me presten la más mínima atención. De tanto en tanto, me hago notar con algún movimiento brusco, el cual provoca un ligero ruido que les llama la atención, me rio cuando compruebo que intentan adivinar quién ha sido. Los únicos que se fijan en mí son los niños y los perros, los cuales me provocan una mezcla de alegría y nostalgia. Por fin llego a mi parada deseada, Plaza España. Recorro el largo pasillo que va desde la línea verde hasta la línea roja, hasta llegar a un pequeño bar del metro. Aún me acuerdo de las albóndigas encebolladas, esos pequeños placeres son los que te devuelven a la vida. Aún recuerdo el deleite de ese inolvidable manjar del subsuelo, regreso con la línea roja hasta Plaza Cataluña, justamente a la salida de la estación, pero sin salir al exterior, en esa pequeña plaza del subsuelo barcelonés, donde confluyen las salidas hacia el café Zúrich y las Ramblas de las Flores. Justamente ahí, me dedico a buscar entre las miles de personas que pasan a diario por ese punto de las entrañas de Barcelona. Se que un día veré a pasar a la persona a la que ame, porque tarde o temprano, todos cogemos el metro hasta el centro de la ciudad condal, y sé que ella también lo hará. Sera entonces cuando pueda despedirme y continuar hasta llegar al final de mi parada.
Fallecí en Vall d’Hebrón después de ser atropellado y ahí permanezco a voluntad, me desplazo habitualmente al centro de la ciudad en metro. Podría ir andando, pero tardaría una eternidad de la que no dispongo. A veces lo he intentado en coche, pero hago interferencias en la radio. En definitiva, prefiero el metro para llegar a mi destino.
Cada mañana antes de que salga el sol, bajo al andén de la línea 3 de la estación de metro Vall d’Hebrón. Tengo limitación en mis desplazamientos en torno a la zona 1 del área metropolitana, no se por qué motivo, quizás sea por mi nueva condición. Antes vivía cerca de Martorell que es zona 3, junto a mi pareja, a la que no pude decirle adiós, pues todo fue muy repentino, sin esperarlo y sin saber que pasaba, pero el caso es que ya no puedo ir a lo que un día fue mi hogar. Entro en el vagón con mis acompañantes de viaje, sin que me presten la más mínima atención. De tanto en tanto, me hago notar con algún movimiento brusco, el cual provoca un ligero ruido que les llama la atención, me rio cuando compruebo que intentan adivinar quién ha sido. Los únicos que se fijan en mí son los niños y los perros, los cuales me provocan una mezcla de alegría y nostalgia. Por fin llego a mi parada deseada, Plaza España. Recorro el largo pasillo que va desde la línea verde hasta la línea roja, hasta llegar a un pequeño bar del metro. Aún me acuerdo de las albóndigas encebolladas, esos pequeños placeres son los que te devuelven a la vida. Aún recuerdo el deleite de ese inolvidable manjar del subsuelo, regreso con la línea roja hasta Plaza Cataluña, justamente a la salida de la estación, pero sin salir al exterior, en esa pequeña plaza del subsuelo barcelonés, donde confluyen las salidas hacia el café Zúrich y las Ramblas de las Flores. Justamente ahí, me dedico a buscar entre las miles de personas que pasan a diario por ese punto de las entrañas de Barcelona. Se que un día veré a pasar a la persona a la que ame, porque tarde o temprano, todos cogemos el metro hasta el centro de la ciudad condal, y sé que ella también lo hará. Sera entonces cuando pueda despedirme y continuar hasta llegar al final de mi parada.
Fallecí en Vall d’Hebrón después de ser atropellado y ahí permanezco a voluntad, me desplazo habitualmente al centro de la ciudad en metro. Podría ir andando, pero tardaría una eternidad de la que no dispongo. A veces lo he intentado en coche, pero hago interferencias en la radio. En definitiva, prefiero el metro para llegar a mi destino.