Autor/a
TheoP
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 8 a 12 años
Centre escolar
Col.legi Sagrada Família- Horta
EL LADRÓN DEL METRO
-Guau - exclamó Theo. Estaba leyendo el periódico y encontró un notición. En el metro iban a transportar toneladas de oro e iba a haber un montón de seguridad, no dieron mucha más información pues sino cualquiera podría burlar todas las medidas de seguridad. Theo siguió leyendo y entonces vio una cosa que lo paralizó. El día que el vagón blindado viajaría era el lunes, es decir hoy.
Después de desayunar se fue al colegio. Normalmente iba en bus pero ese día lo perdió porque se entretuvo leyendo el periódico. Podía ir a pie o en metro, pero si iba caminando llegaría tarde y su profesora no lo toleraría, pues Theo ya había llegado más de una vez tarde. Theo se ilusionó porque la entrada estaba llena de policías y tal vez vería el vagón blindado. Pero no vio nada. Cuando subió al metro se quedó pensando en el vagón blindado. Le habría gustado mucho verlo. ¿Sería tan espectacular como se lo esperaba? Esa era una de las muchas preguntas que le rondaban por el cerebro. Había muchos guardias. Theo (quien prefería el bus al metro) estaba todo el tiempo mirando todo lo que le rodeaba, desconfiado. Delante suyo había una mujer alta que estaba leyendo un libro. De reojo vio que debajo del asiento de la mujer había un resplandor dorado. Cuando se fijó bien pudo ver el origen. Abajo del asiento había un… ¡lingote de oro! Theo estaba sorprendido.
En la siguiente estación Theo se bajó pero antes de salir un guardia le cerró el paso.
-Se que lo has visto - rugió el guardia. Dicho esto, Theo comprendió todo. Habían camuflado el metro blindado por otro cualquiera y por eso había tantos guardias.
-Ahora que lo sabes…
“Te vamos a encerrar en la prisión” pensó Theo.
- …vas a ayudar - terminó de decir el guardia. Theo no sabía a que se refería con “ayudar”.
- Nuestras fuentes de información - dijo - nos han dado una pista. Un bandido va a intentar robar el oro. Claro que nosotros lo impediremos - esa última frase la dijo de una manera que rebeló su preocupación. - El bandido se llama Frank Johnson. Vamos a desalojar el metro y lo esperaremos.
Theo no replicó porque todavía le daba un poco de miedo el guardia aunque había estado hablando con él un buen rato.
Cuando pasaron poco más de dos minutos el metro volvió vacío. Esperaron desde sus escondites hasta ver como un hombre de mediana estatura, enmascarado, entraba en el metro. En ese momento los guardias se pusieron en acción. Sigilosos como gatos en la noche, caminaron hasta el metro y entraron.
-Silencio - pidió en voz muy baja el que parecía ser el jefe.
Theo notaba algo raro. Como si fuera una trampa, estaba resultando muy fácil por ahora. Por ahora.
Por otra parte estaba muy inquieto porque el panorama era el siguiente: a la hora que debería estar en el colegio haciendo un aburridísimo examen de matemáticas (que Theo no había tenido tiempo de estudiar y no os penséis que porque no quería, sino porque se lo habían puesto el día anterior) estaba en un vagón lleno de lingotes de oro y acompañado por unos cuantos policías que buscaban a un ladrón.
De pronto se apagaron las luces y una docena de hombres se abalanzaron sobre ellos. Theo era pequeño y pudo esconderse. Con su reloj inventado llamó a un amigo y le pidió ayuda. Diez minutos después vinieron un montón de policías. A Frank y su banda de delincuentes les cayeron veinte años de condena.
Este libro está dedicado a los Transportes Metropolitanos de Barcelona porque sin ellos no podría haber escrito este cuento que espero que os haya gustado.
Después de desayunar se fue al colegio. Normalmente iba en bus pero ese día lo perdió porque se entretuvo leyendo el periódico. Podía ir a pie o en metro, pero si iba caminando llegaría tarde y su profesora no lo toleraría, pues Theo ya había llegado más de una vez tarde. Theo se ilusionó porque la entrada estaba llena de policías y tal vez vería el vagón blindado. Pero no vio nada. Cuando subió al metro se quedó pensando en el vagón blindado. Le habría gustado mucho verlo. ¿Sería tan espectacular como se lo esperaba? Esa era una de las muchas preguntas que le rondaban por el cerebro. Había muchos guardias. Theo (quien prefería el bus al metro) estaba todo el tiempo mirando todo lo que le rodeaba, desconfiado. Delante suyo había una mujer alta que estaba leyendo un libro. De reojo vio que debajo del asiento de la mujer había un resplandor dorado. Cuando se fijó bien pudo ver el origen. Abajo del asiento había un… ¡lingote de oro! Theo estaba sorprendido.
En la siguiente estación Theo se bajó pero antes de salir un guardia le cerró el paso.
-Se que lo has visto - rugió el guardia. Dicho esto, Theo comprendió todo. Habían camuflado el metro blindado por otro cualquiera y por eso había tantos guardias.
-Ahora que lo sabes…
“Te vamos a encerrar en la prisión” pensó Theo.
- …vas a ayudar - terminó de decir el guardia. Theo no sabía a que se refería con “ayudar”.
- Nuestras fuentes de información - dijo - nos han dado una pista. Un bandido va a intentar robar el oro. Claro que nosotros lo impediremos - esa última frase la dijo de una manera que rebeló su preocupación. - El bandido se llama Frank Johnson. Vamos a desalojar el metro y lo esperaremos.
Theo no replicó porque todavía le daba un poco de miedo el guardia aunque había estado hablando con él un buen rato.
Cuando pasaron poco más de dos minutos el metro volvió vacío. Esperaron desde sus escondites hasta ver como un hombre de mediana estatura, enmascarado, entraba en el metro. En ese momento los guardias se pusieron en acción. Sigilosos como gatos en la noche, caminaron hasta el metro y entraron.
-Silencio - pidió en voz muy baja el que parecía ser el jefe.
Theo notaba algo raro. Como si fuera una trampa, estaba resultando muy fácil por ahora. Por ahora.
Por otra parte estaba muy inquieto porque el panorama era el siguiente: a la hora que debería estar en el colegio haciendo un aburridísimo examen de matemáticas (que Theo no había tenido tiempo de estudiar y no os penséis que porque no quería, sino porque se lo habían puesto el día anterior) estaba en un vagón lleno de lingotes de oro y acompañado por unos cuantos policías que buscaban a un ladrón.
De pronto se apagaron las luces y una docena de hombres se abalanzaron sobre ellos. Theo era pequeño y pudo esconderse. Con su reloj inventado llamó a un amigo y le pidió ayuda. Diez minutos después vinieron un montón de policías. A Frank y su banda de delincuentes les cayeron veinte años de condena.
Este libro está dedicado a los Transportes Metropolitanos de Barcelona porque sin ellos no podría haber escrito este cuento que espero que os haya gustado.