Autor/a
Oliva Gris
Categoria
Relat lliure
Un mundo en vías de desarrollo
Estas en el andén del metro y has visto la pantalla; el tren está por entrar, miras al inhóspito vacío de las vías y observas al tren aproximarse y parar. Sabes que estás a punto de emprender una micro-travesía.
Entras al vagón y te trasladas a otra dimensión, pues el desplazamiento ocurre no solo en la ubicación física espacial de la ciudad, sino que vives una traslación mental. Y es que tu mente al encontrarse en esta estructura de movilidad se puede distraer, no necesita saber hacia dónde se dirige, ni caminar en una dirección concreta. Tu mente decide que es momento de recolectar, entras en una ensoñación, comienzas a elaborar historias, a reconstruir memorias, a crear mundos como un escultor del pensamiento.
Después de unos minutos te das cuenta de que no estás solo, si miras alrededor te acompañan en el vagón otros escultores, arquitectos, y hasta músicos de las ideas. Están todos creando mundos. Invenciones elaboradas con los remanentes de días anteriores con los que los cerebros se han permitido jugar en este espacio en movimiento. Pero es una tarea Sisífica, porque aquí en el metro nada se fosiliza, las ideas se escurren, tus esculturas se van a derretir al salir del vagón. Se convierten en canciones sin cantar, libros no escritos, restos maestros de la imaginación, y finalmente olvidos magistrales. Tú, los pensamientos y los demás son solo pasajeros. Escuchas el nombre de tu estación y tus viajes han terminado.
Fuera del metro recomienza la vida, el pensamiento consciente, las obligaciones, las direcciones. Todos tus colegas escultores han desaparecido, y se han esparcido en distintas direcciones. Hay otros que siguen su camino en el tren, y muchos otros que lo acaban de emprender. Te vas con una sonrisa pues sabes que ahí dentro se están construyendo galaxias. Te vas con una sonrisa, y con la certeza de la impermanencia de las cosas. Piensas en el metro como un río en el que nunca te bañaras dos veces. En tu próximo viaje crearas otros mundos.
Entras al vagón y te trasladas a otra dimensión, pues el desplazamiento ocurre no solo en la ubicación física espacial de la ciudad, sino que vives una traslación mental. Y es que tu mente al encontrarse en esta estructura de movilidad se puede distraer, no necesita saber hacia dónde se dirige, ni caminar en una dirección concreta. Tu mente decide que es momento de recolectar, entras en una ensoñación, comienzas a elaborar historias, a reconstruir memorias, a crear mundos como un escultor del pensamiento.
Después de unos minutos te das cuenta de que no estás solo, si miras alrededor te acompañan en el vagón otros escultores, arquitectos, y hasta músicos de las ideas. Están todos creando mundos. Invenciones elaboradas con los remanentes de días anteriores con los que los cerebros se han permitido jugar en este espacio en movimiento. Pero es una tarea Sisífica, porque aquí en el metro nada se fosiliza, las ideas se escurren, tus esculturas se van a derretir al salir del vagón. Se convierten en canciones sin cantar, libros no escritos, restos maestros de la imaginación, y finalmente olvidos magistrales. Tú, los pensamientos y los demás son solo pasajeros. Escuchas el nombre de tu estación y tus viajes han terminado.
Fuera del metro recomienza la vida, el pensamiento consciente, las obligaciones, las direcciones. Todos tus colegas escultores han desaparecido, y se han esparcido en distintas direcciones. Hay otros que siguen su camino en el tren, y muchos otros que lo acaban de emprender. Te vas con una sonrisa pues sabes que ahí dentro se están construyendo galaxias. Te vas con una sonrisa, y con la certeza de la impermanencia de las cosas. Piensas en el metro como un río en el que nunca te bañaras dos veces. En tu próximo viaje crearas otros mundos.