Autor/a
Cuervo Nocturno
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Mano trémula

Acabo de salir de clase. Es de noche, enfilo Rambla Catalunya en busca de la boca de metro de la L5 de Diagonal. El azul suave y sutil de la tarde se ha convertido en un duro negro que contrasta con las ramas naranjas y las farolas. Oigo murmullos extranjeros, veo sonrisas blancas y ojos pegados a móviles. Cuando pienso que la parada está demasiado lejos, atisbo las escaleras hundirse bajo tierra. Antes de picar la T-mobilitat, algo me detiene. Una música dulce, pero intensa que emana de un piano. Un hombre, de pelo caótico y ropa deshilachada (diría que es un sintecho), está tocando con una pasión inmensa la más delicada de las harmonías. Me ha capturado. Ojalá este momento pudiera durar para siempre. Una persona se pone detrás de mí y me acuerdo de que tengo que picar la tarjeta. Mientras recorro, lo más lento posible, los veinte pasos que me separan de las segundas escaleras para bajar al andén; escucho la música. Reconozco que hoy ha sido un día bastante de mierda, pero este pequeño instante casi me ha compensado todo lo malo. Quizá para eso sirva el arte, para convertir en perfectos momentos tan cotidianos como ir en metro.
Sentado en los bancos del andén me aburro. Voy mirando la pantalla con los tiempos de los metros, pero siguen quedando minutos hasta que llegue el siguiente con dirección Cornellà Centre. Podría mirar el teléfono para que el tiempo pasara más rápido, sin embargo, eso me convertiría en un hipócrita... Y entonces ya no podría dar lecciones a nadie, aunque de hipocresías mi vida está bastante llena. Llega el metro, entro en uno de los vagones del centro, el que veo más vacío. No hay asientos libres, así que me aferro a la barra. La gente es la de siempre, aunque hoy hay una chica que me llama la atención. Está junto a mí, también apoyada en la barra. Tiene en la mano lo que parece un tatuaje maorí, o algo por el estilo. Su piel es cobriza y su mirada parece estar perdida en el cansancio de la rutina. Nuestras manos están bastante cerca. Si bajara un poco la mía podría tocar la suya. Vamos pasando las paradas, una tras otra, y cada vez estoy más cerca de la mía. Es una chica curiosa, no sé, tiene algo como de misterio que la envuelve. Me atrae y a la vez me da la impresión de ser una persona con mucha rabia o con una coraza muy gruesa. Me pregunto cómo será realmente, más allá de los tatuajes y los piercings. ¿Cómo será su voz?
Bajo un poco más la mano, pero la suya aún está a kilómetros. El metro se detiene. Hemos llegado a mi parada. Me apeo, ella también. Voy a la derecha, es mi salida, ella va a la izquierda. La veo alejarse, metida en sus propias luchas. A cada segundo está más lejos. Me pregunto si la volveré a ver. Me monto en las escaleras mecánicas. Podría girarme una vez más, pero sería estúpido. No lo hago. Salgo de nuevo a la noche. Me están esperando.