Autor/a
Pluma
Categoria
Relat escolar
Subcategoria
De 13 a 17 años
Centre escolar
INSTITUT MERCÈ RODOREDA
Relat escolar

Mentiras

Hay cristales rotos y botes de spray de graffiti en el suelo. Algunos de los trozos están clavados en mi piel. Solo veo sangre y pintura en mi ropa.
No quiero creer nada, pero ellos no están aquí, han huido, me han dejado sola.

El frío y la oscuridad del túnel se adentran en mí. El silencio desaparece al ritmo de los latidos de mi corazón en sintonía de los pasos de los agentes, que aceleran para buscar culpables.
Me encuentro en un mar de gritos. Hay policías por todas partes. Solo oigo ruido, ellos al ver que todos los vagones del metro están destrozados, que prácticamente no hay ventanas y que soy yo, una chica de dieciséis años, la que está delante del desastre. No saben lo que ha pasado, no, no lo saben. Quizás por eso me han trasladado a comisaría, para descubrir la verdad, y yo… Les quiero explicar todo lo ocurrido, lo que me ha llevado aquí, desde hace cinco días, desde el jueves pasado.

Los recuerdos vuelven a mi mente, las palabras llenan la estancia. Los agentes escuchan y apuntan frenéticamente todo en sus pequeñas libretas y tan solo recuerdo… y recuerdo…

–Ian, ¿No has visto las noticias? No es buena idea quedar mañana, hay ataques de vandalismo por toda la ciudad, anoche hubo uno en… Eh… ¿Estás bien? Te veo callado, ¿ha pasado algo?
–Estoy cansado, anoche me peleé con mi padre, quiere que sea motorista de metro como él. No te preocupes…– contestó.
–Puedes decirme lo que sea, te apoyaré siempre.

El ‘clic’ del bolígrafo de uno de los policías empieza a molestarme.
– Perdona, Marta, ¿quién es Ian?–me pregunta.
–Era… Mi mejor amigo– digo incómoda.
Afirman con la cabeza, indican que continúe.

El viernes quedé con mis amigos, estaban cansados, raros… Y él tramaba algo. Les explicó que se peleó con su padre, en cuanto más lo escuché más falso parecía. Y… Nos contó que quería hacer una pequeña pintada en el metro. Con algún mensaje para que su padre lo escuchara y… nadie se negó. Parecían felices.

–¡¿Cómo lo permitiste?!– gritan.
–¡Creía que era una buena causa!– justifico, casi en el llanto– Pasó muy rápido, nos indicó cómo colarnos, que traer y… Se complicó.

Saltamos la valla. Era muy tarde. Estaba oscuro. Escribí “Todos somos humanos” debajo de una ventana. No lo estaba pasando bien, pero intenté convencerme de que iba a ayudar.
Sus expresiones se ensombrecieron. ¿Fue ahí cuando cambió todo? Sacaron unos martillos de sus mochilas… ¿Desde cuando estaban ahí? Lo rompieron todo. No era capaz de moverme, había cristales por todas partes, volaban, se clavaban en mí. Y reían, mientras miraban el metal abollado. Eso no era lo que iba a pasar… ¿Lo dijeron para que yo me uniera? ¿Lo dijeron para que pareciera un motivo real? ¿Me mintieron?

–¿Qué estáis haciendo? ¡Parad!– chillé mientras lágrimas me recorrían el rostro. Lo miré a él. Tenía tantas preguntas…– ¡Me has mentido, solamente has hecho eso mentir, mentir y mentir! ¡Vosotros hicisteis los actos de estos días! No entiendo nada… Todo esto es por tu padre o… ¡¿Por qué?!
Estaba rota, no quería creerme nada, no quería toparme con la realidad. Él me miró como nunca antes, con decepción.
–Os dije que no se lo pasaría tan bien como nosotros – dijo con una carcajada.
El tiempo se paralizaba cuando oía sus pasos cada vez más lejos. Huyeron… porque llamé a la policía.

Me observan, me analizan, ¿me juzgan?
–¿Qué vais a hacer?– pregunto.
–Si lo que dices es verdad…
–¿No me creéis? Intento hacer lo correcto, y… No lo veis? No tenían ningún motivo, a veces no hay. Fue por diversión.