Autor/a
Doria Lero
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Si no fuera por el perro

Mi perro padece pancreatitis, eso hace que casi cada día salgamos de madrugada. Nos hemos acostumbrado a recorrer Carlos III arriba y abajo hasta que la deposición se realiza. De vuelta a casa me divierte contar el exagerado número de taxis libres que circulan sobre las 4 de la madrugada. Hace unas noches vi como un 70 arrancaba en el semáforo de Travessera y enfilaba hacia El Corte inglés. Me sorprendió ver gente dentro pero pensé que habían olvidado retirar el número y sustituirlo por el habitual “A cotxera”. Ayer lo vi de nuevo y lo más sorprendente fue que en la parada de Avda. de Madrid había gente esperando. Me fijé bien y observé que los pasajeros eran en su mayoría gente de cierta edad, igual que el conductor, un hombre con un mostacho cano bastante prominente. Seguimos paseando y media hora más tarde lo vi regresar. Me acerqué a la parada y esperé para ver si alguno de los ocupantes se apeaba. Un par de señoras cogidas del brazo se bajaron y se dirigieron lentamente hacia María Barrientos. Las alcancé e intentando no asustarlas les pregunté por el servicio nocturno del 70. Al principio hicieron como si no me entendieran pero después de insistir un poco, una de ellas me entregó un papel cuidadosamente doblado y me indicó que las dejara en paz, que tenían que irse a dormir. Al llegar a casa, todavía sorprendido, leí lo que decía. En un folio con el logo de TMB y con letras bien definidas apareció ante mí toda una declaración de principios. El texto decía: “TMB pondrá a disposición de los pasajeros con más de treinta años de uso de esta línea un servicio nocturno para recuperar la sensación de viajar como lo hacían antes. Sabemos que, en la actualidad, muchos de ellos han dejado de utilizar esta línea debido al uso incívico por parte de personas indeseables que les impiden llegar a su destino a la hora, y que por ello han tenido obligatoriamente de cambiar de recorrido y utilizar medios de transporte alternativos. Por dicho motivo, TMB pone en su conocimiento que esta línea funcionará de lunes a viernes de tres a cuatro de la madrugada, efectuando su recorrido completo. Les recordamos que para hacer uso del mismo existen unas normas que deben cumplirse por parte de todos los viajeros y que son las siguientes: están rigurosamente prohibidos los bebés, los cochecitos, los patinetes infantiles, los niños menores de catorce años y los jóvenes de menos de treinta y cinco; asimismo, no se permite el uso de teléfonos móviles para efectuar o realizar llamadas o cualquier otro tipo de comunicaciones, también están vetados los auriculares. El pasajero que incumpla estas normas será desalojado -por la fuerza, si fuera necesario- en la parada más cercana y su acceso a esta línea prohibido de por vida. Feliz viaje.” Recordé mi experiencia de un mes atrás cuando, poco antes de las ocho, intenté subir al autobús para acercarme a la clínica Corachan para ir a urgencias. Tuve que dejar pasar tres vehículos abarrotados. Al cuarto, conseguí subir por la puerta de atrás, cosa no autorizada. Y efectivamente estaba lleno de niños con y sin cochecito ocupando asientos que no les correspondían; gente hablando a gritos por el móvil y jóvenes entorpeciendo el paso de las puertas haciéndose fotos y riendo de forma exagerada. Llegué pasadas las nueve con fuertes dolores y un gran enfado. El texto acababa con esta adenda: “Este servicio será implantado progresivamente en otras líneas. Muchas gracias y felices noches.”