Autor/a
PETIRROJO
Categoria
Relat lliure
CAÍDA LIBRE
I
La ciudad padecía una creciente división entre dos ideologías tan dispares que hacía imposible llegar a un consenso medianamente aceptable para ambas partes de la sociedad. El ambiente provocado en las calles por las continuas discusiones se iba cargando y caldeando cada vez más. Las personas pesaban toneladas de preocupación, rabia y odio, hasta tal punto que el suelo por donde andaban comenzó a derretirse bajo sus pies y formar agujeros con cada pisada que daban. Empezaron a caer al vacío, así sin más, hasta formarse una hilera de individuos que se tiraban como autómatas, uno detrás de otro, a una grieta cada vez más ancha y alargada.
II
Era la primera vez que viajaba en el transporte metropolitano de Barcelona. Mamá decía que era el medio más seguro del mundo, más que el avión, pero lo decía para que no tuviese miedo porque era una niña con mucho miedo a lo nuevo. Siempre íbamos caminando a todas partes, para ahorrar. Ese día estábamos las dos muy cansadas y faltaba un buen trecho para llegar a nuestro hogar. Mamá me dijo que como premio por mi buen comportamiento montaríamos en un bus especial que nos dejaría delante de casa. Nos sentamos al fondo y con el run run del motor me dormí.
Desperté con un escalofrío, oí gritos a través de la ventana del bus y vi personas que iban desapareciendo, sus voces se oían como si se precipitasen hacia un profundo pozo, y cuanto más hondo caían, más lejos se captaban hasta que sus ecos desaparecían del todo en el infinito. Pero esos ecos siempre se iban superponiendo uno detrás de otro. Allí no había cabida para el silencio. ¿Qué está pasando, mami? Mi madre intentó taparme los ojos con sus manos, pero ya era demasiado tarde, yo había comprendido que no se trataba del rodaje de una película, lo que estaba sucediendo era real. Fui presa del pánico y me eché a llorar. Mi madre me abrazó muy fuerte para intentar calmarme y bajito me decía: hay que ser valientes.
De repente el autobús empezó a dar botes como si atravesara muchos baches. Y los que estaban dentro con nosotros empezaron a gritar y a caer por el suelo. El abrazo protector de mi madre se hizo tan fuerte que me dejó sin aire. Me dio la sensación de que ella también estaba asustada. Volví a mirar de reojo por la ventana: el agujero se había ensanchado mucho, cada segundo que pasaba aquello iba agrandándose y engullía todo a su paso. Las personas seguían tirándose al vacío. De pronto, nuestro bus se detuvo en la parada de La Pedrera. La puerta más cercana a nosotras se abrió de golpe y vi con claridad que nos asomábamos al vacío. Lancé un grito asustado y miré a mi madre, ¿mamá, vamos a morir?
El bus empezó a torcerse hacia la derecha y avanzó en dirección al abismo. Para evitar que volcase todos los pasajeros fueron hacia el lado izquierdo del bus para hacer de contrapeso, pero yo perdí el equilibrio y resbalé del asiento, caí al suelo y me escurrí hacia la puerta hasta verme precipitada al agujero negro.
Mamá, que caeré al agujero, ¡agárrame fuerte!
¡Aaaah!
Todo está oscuro.
III
Un apretón en el hombro me despierta, me había quedado dormida en el bus de vuelta a casa. Miro por la ventana y veo la Casa Milà. Todo está en silencio, mi madre sonríe:
Veo que estabas teniendo una pesadilla.
Y como si supiera qué acabo de soñar añade:
Tranquila, gracias a Dios es imposible morir dentro de un sueño.