Autor/a
Olibaix
Categoria
Relat lliure
Notaría paralegal cotidiana
Consigo sentarme. Delante mío hay dos señoras, hablando de infecciones de orina y apendicitis. “La vida te da sorpresas”, dice una al cerrar el tema de vicisitudes médicas. La que escucha tal razonamiento fenomenológico tiene un aire enfermizo. La que profetiza, sin embargo, está más animada y danzan con su cabellera las raíces canosas, contrastando con un bello marrón árbol. El tema recae en sus hijos, Raíces menciona su cesárea sin dejar atrás su agitado movimiento, y Enfermiza pone una cara de que lo ha mencionado demasiadas veces anteriormente. No es una de esas emboscadas sociales propiciadas por la democratización y universalidad del transporte público. ¿Serán amigas? Si hay alguien con vínculos de amistad bien labrados y sostenidos mientras avanza la edad, son las mujeres. Quiero interpretar su vínculo, analizar su texto.
Con convicción, saco el ordenador y empiezo a tomar acta, mi rol el de un notario no legal, sino de la cotidianidad. Inquebrantable concentración en la pantalla, carga de cansancio. Una cara tan vista bajo el yugo de la rutina me otorga invisibilidad, aparento un dron pendiente de su trabajo y nada más. Tras monologar sobre las cicatrices y la recuperación, hay un breve silencio, roto por un desinteresado: “¿Y qué tal estás?”. La pregunta era íntegra y dirigida a la mujer, pero el tema se escabulle siniestramente a los hijos nuevamente.
“¿Porque el tuyo iba a qué cole? “A un… a un privado, el Nuñez Cazorras”, murmura Raíces con un poco de vergüenza. “Ah… pero, pero privado o concertado?” escupe Enfermiza un poco juiciosa. Enfermiza es muy largo y despectivo. Fermina la llamaremos, al cadáver con abrigo de piel.
“Privado, privado.” Raíces se arraiga, se atrinchera en esta guerra de clases, el vagón de metro como campo de batalla. Es una pija moderna, pacifista, discreta. Finge que su existencia no es política, amolda su discurso a las orejas que la escuchan. “Parla català, cap problema” añade, pese a que ninguna ha empleado la lengua minorizada. Educación franquista, seguramente. De ahí que Cazorras le parezca revolucionario.
Los abuelos de Fermina no están bien. La familia y la enfermedad son murallas impenetrables que rodean la charla. El rol de cuidadora impuesto en las mujeres, del cual la generación del baby boom no se ha liberado del todo mediante manifestarse.
“...hacerlos pensar, ¿no? ser críticos, creativos…” Raíces defiende la institución pedagógica a pie de cañón. Educación experimental y progresista, dentro de un marco pseudo burgués.
La otra mira con cara de no creerse nada. ¡En mi cabeza, esta interacción está tan cerca de convertirse en un filme de acción! Está Fermina la quinqui tan cerca de sacar una navaja y descubrir su diente de plata, mientras amenaza a su némesis. La competición entre mujeres es otro espíritu perverso invocado por la misoginia, que yo mismo acabo de canalizar también. Saber quién tiene la mejor familia, hijos, colegio, piso, y vida profesional en los tiempos que corren. Un constante tira y afloja por ver cuál de las dos ha construido unos cimientos vitales más robustos y dorados, la que en su legado dejará el templo de significancia más vistoso. ¿Es eso lo que oculta esta conversación?
Bajo, es mi parada y el fin de mi oficio. He documentado, escrito y por tanto inmortalizado esta charla. La conversación más normal contiene humanos hablando, y por tanto habla de la humanidad. El gesto del notario expiatorio e invasor me ha parecido contradictoriamente noble.
Con convicción, saco el ordenador y empiezo a tomar acta, mi rol el de un notario no legal, sino de la cotidianidad. Inquebrantable concentración en la pantalla, carga de cansancio. Una cara tan vista bajo el yugo de la rutina me otorga invisibilidad, aparento un dron pendiente de su trabajo y nada más. Tras monologar sobre las cicatrices y la recuperación, hay un breve silencio, roto por un desinteresado: “¿Y qué tal estás?”. La pregunta era íntegra y dirigida a la mujer, pero el tema se escabulle siniestramente a los hijos nuevamente.
“¿Porque el tuyo iba a qué cole? “A un… a un privado, el Nuñez Cazorras”, murmura Raíces con un poco de vergüenza. “Ah… pero, pero privado o concertado?” escupe Enfermiza un poco juiciosa. Enfermiza es muy largo y despectivo. Fermina la llamaremos, al cadáver con abrigo de piel.
“Privado, privado.” Raíces se arraiga, se atrinchera en esta guerra de clases, el vagón de metro como campo de batalla. Es una pija moderna, pacifista, discreta. Finge que su existencia no es política, amolda su discurso a las orejas que la escuchan. “Parla català, cap problema” añade, pese a que ninguna ha empleado la lengua minorizada. Educación franquista, seguramente. De ahí que Cazorras le parezca revolucionario.
Los abuelos de Fermina no están bien. La familia y la enfermedad son murallas impenetrables que rodean la charla. El rol de cuidadora impuesto en las mujeres, del cual la generación del baby boom no se ha liberado del todo mediante manifestarse.
“...hacerlos pensar, ¿no? ser críticos, creativos…” Raíces defiende la institución pedagógica a pie de cañón. Educación experimental y progresista, dentro de un marco pseudo burgués.
La otra mira con cara de no creerse nada. ¡En mi cabeza, esta interacción está tan cerca de convertirse en un filme de acción! Está Fermina la quinqui tan cerca de sacar una navaja y descubrir su diente de plata, mientras amenaza a su némesis. La competición entre mujeres es otro espíritu perverso invocado por la misoginia, que yo mismo acabo de canalizar también. Saber quién tiene la mejor familia, hijos, colegio, piso, y vida profesional en los tiempos que corren. Un constante tira y afloja por ver cuál de las dos ha construido unos cimientos vitales más robustos y dorados, la que en su legado dejará el templo de significancia más vistoso. ¿Es eso lo que oculta esta conversación?
Bajo, es mi parada y el fin de mi oficio. He documentado, escrito y por tanto inmortalizado esta charla. La conversación más normal contiene humanos hablando, y por tanto habla de la humanidad. El gesto del notario expiatorio e invasor me ha parecido contradictoriamente noble.