Autor/a
Ahab
Categoria
Relat lliure
Relat lliure

Sistema circulatorio

Los números rojos del despertador digital se distinguen clara e intensamente entre las siluetas difuminadas de la habitación en penumbra. Son las tres y cincuentainueve de la madrugada. La quietud y el silencio que inundan el piso le dan un aura de fotografía, como si el tiempo se hubiera detenido, como si fuera una imagen congelada. La cortina mecida sutilmente por el aire que entra por la ventana entreabierta, el ruido fugaz del motor del autobús nocturno y la respiración acompasada de Juan y Luisa desmienten esa sensación. A las cuatro la alarma emite un pitido repetitivo, frío e indolente. Juan la detiene y, después de darle un beso a Luisa que duerme plácidamente, se incorpora como un resorte, diligente y resuelto, sin ningún atisbo de pereza. Cierra la puerta con delicadeza para hacer el mínimo ruido posible. Aunque aún es noche cerrada el comedor no está completamente a oscuras. Cómo Juan y Luisa no suelen bajar la persiana del comedor cuando se van a dormir algunas franjas de luz procedentes de las farolas de la calle se cuelan en el interior iluminando sutilmente algunos objetos. Juan suele demorarse unos segundo en encender la luz, instantes en los que se deleita con el curioso y enigmático juego de sombras, con la calma casi etérea y un silencio tan absoluto que le permite escuchar hasta los latidos de su corazón, los mismos que quedarán enterrados en un rato por el alud de sonidos bulliciosos de la ciudad. Finalmente enciende la luz y sale al balcón. Después de comprobar que la ropa tendida está completamente seca coge del tendedero el pantalón gris y la camisa de rayas blancas y rojas que forman parte de su uniforme de trabajo. Con la ropa en el brazo observa la calle desierta, sin gente, sin coches, sin ruido, sin más movimiento que una bolsa de plástico impulsada por una suave ráfaga de viento y el cambio de luces del incansable semáforo. En ese paréntesis nocturno la ciudad reduce la velocidad hasta casi detenerse, como si bajara las pulsaciones y le sirviera para coger aire después de otro día frenético. Entra en la habitación que hacen servir de vestidor desde que su hijo se independizó hace unos años. Coge una chaqueta granate de un armario y completa así el uniforme que usa a diario. Desde hace años conduce el metro que recorre la línea cinco del metro de Barcelona, desde Cornellá Centre hasta Vall d'Hebrón. Mientras piensa en lo poco que le queda para jubilarse y volver a su pueblo en Extremadura, del que salió hace cincuenta años, coge un libro de la estantería, de cuando su hijo estudiaba medicina. Lo abre y lee "El aparato circulatorio es el sistema encargado de transportar sangre, nutrientes, oxígeno, dióxido de carbono y hormonas por todo el cuerpo", vida en definitiva, piensa. Lo cierra y suspira con una mezcla de nostalgia y orgullo.
A las cuatro y cincuenta ya camina por los pasillos vacíos y silenciosos antes de que el metro abra sus puertas a las cinco. El único sonido que escucha es el de sus propios pasos mientras se dirige la cabina del vagón que conducirá durante varias horas. En poco rato el bullicio que generará el ingente flujo de personas los silenciará sin piedad. Miles de personas que transitan por los túneles con las mochilas cargadas de historias. Se detiene unos instantes delante de uno de los paneles resumen donde aparecen todas las líneas; le recuerda mucho al sistema de vasos sanguíneos que vio hace un rato en el libro, por dónde fluye la vida de la ciudad.