Autor/a
Karina
Categoria
Relat lliure
Un Paso
Se llama José Luis. Las letras de su nombre flotan en cada rincón de la estación, como fantasmas sigilozos.
Las 7 en el reloj, mis pies clavados al borde del andén y un túnel vacio.
Ni una cara, ni una voz. Como es posible tanto silencio.
Hoy salí de prisa, cerré la puerta y bajé las escaleras sin respirar. Ya me dí cuenta que entra en mi habitación y cambia los objetos de sitio. O los esconde. Tardé un poco en descubrirlo, hasta que se volvió muy evidente. Mis lápices en el cajón de los calcetines. Mi cuaderno en una maleta debajo de la cama.
_Has entrado en mi habitación?
Me mira haciéndose el sorprendido, casi disfrutando responde: _ no y si fuera así esta es mi casa y hago lo que se me da la gana.
_es tu casa pero yo te alquilo esa habitación. Le resoondo sofocando mi rabia. Me da la espalda, busca un libro y se retira del comedor.
No entiendo nada. En la entrevista se mostró cordial. Abrió la puerta y me saludó por mi nombre con una sonrisa.
_No quiero que traigas visitas, no me gusta el ruido, argumentó fingiendo una leve carcajada. Luego con expresión de quien pide caridad agregó: _ el lavabo está al lado de mi habitación, me acuesto temprano, no te duches a partir de las 22h.
Miro la pantalla, 2 minutos. Largos, eternos. Miro la escalera, silencio. El ascensor inmóvil.
_Hoy me duché con agua fria, se rompió algo? Le digo buscando su mirada.
_A mi me sale estupenda_ responde con voz irónica. Yo lo sigo mirando, quiero comprender si se trata de una broma. No dice nada más.
Empiezo a dudar, quizás no abrí el grifo correcto. Luego escucho que rie, mira la tv y finge que rie por ese programa pero su risa es incongruente, es rabia, es prepotencia, es todo su deseo de hacer daño y la frustración de tener que reprimirlo, no vaya a ser que alguien allí afuera se entere que es un "chico malo". Por esos sus libros sobre inteligencia emocional estan perfectamente colocados en la estanteria que ves inmediatamente al abrir la puerta de calle.
Le respondo_ se lo que haces en mi habitación aprovechando mi ausencia.
Me mira, su mirada mecánica, sin alma, casi siento que tajea mi piel. Mi voz se congela. De su pecho sale otra voz, monstruosa:_ de ahora en mas conmigo te comunicarás por whatsapp.
Esos 2 minutos en la estación me parecen eternos. A donde voy?
Necesito que me devuelva la fianza.
Pasan los dias, saludo, no hay respuesta.
Un limón podrido en mi cajón de la nevera. El mismo que tiré anoche a la basura. Percibo su deleite. No digo nada.
El se encuentra a escasos metros. Disfruta con su manera de "castigar" que él considera justa, en su mundo donde es rey absoluto. Ruego que se vaya. Coje la chaqueta y las llaves. Mantengo la respiración. Luego se gira. Tiemblo. _oye_ dice con gesto despectivo_ recoje las migas que has tirado debajo de la mesa. Miro donde señala y observo un montón de migas y trozos de pan perfectamente colocados en el suelo en forma de montaña.
_yo no he tirado eso, le digo sin comorender su cometido..
_ ah no? Pues quien sera entonces? Aquí solo estamos tu y yo y desde luego yo no hago esas cosas.
Lo miro estupefacta_ es una broma, no?
Su cara cambia, se cierra su sonrisa irónica y responde_ yo no hago bromas. Da media vuelta pero no se va, tira las llaves y se dirige a su habitación. Corro hacia la puerta de calle.
Una luz, el metro. Miro hacia atrás. No hay nadie. No sé a donde iré. Miro adelante, la puerta del metro se abre. Solo 1 paso.
Las 7 en el reloj, mis pies clavados al borde del andén y un túnel vacio.
Ni una cara, ni una voz. Como es posible tanto silencio.
Hoy salí de prisa, cerré la puerta y bajé las escaleras sin respirar. Ya me dí cuenta que entra en mi habitación y cambia los objetos de sitio. O los esconde. Tardé un poco en descubrirlo, hasta que se volvió muy evidente. Mis lápices en el cajón de los calcetines. Mi cuaderno en una maleta debajo de la cama.
_Has entrado en mi habitación?
Me mira haciéndose el sorprendido, casi disfrutando responde: _ no y si fuera así esta es mi casa y hago lo que se me da la gana.
_es tu casa pero yo te alquilo esa habitación. Le resoondo sofocando mi rabia. Me da la espalda, busca un libro y se retira del comedor.
No entiendo nada. En la entrevista se mostró cordial. Abrió la puerta y me saludó por mi nombre con una sonrisa.
_No quiero que traigas visitas, no me gusta el ruido, argumentó fingiendo una leve carcajada. Luego con expresión de quien pide caridad agregó: _ el lavabo está al lado de mi habitación, me acuesto temprano, no te duches a partir de las 22h.
Miro la pantalla, 2 minutos. Largos, eternos. Miro la escalera, silencio. El ascensor inmóvil.
_Hoy me duché con agua fria, se rompió algo? Le digo buscando su mirada.
_A mi me sale estupenda_ responde con voz irónica. Yo lo sigo mirando, quiero comprender si se trata de una broma. No dice nada más.
Empiezo a dudar, quizás no abrí el grifo correcto. Luego escucho que rie, mira la tv y finge que rie por ese programa pero su risa es incongruente, es rabia, es prepotencia, es todo su deseo de hacer daño y la frustración de tener que reprimirlo, no vaya a ser que alguien allí afuera se entere que es un "chico malo". Por esos sus libros sobre inteligencia emocional estan perfectamente colocados en la estanteria que ves inmediatamente al abrir la puerta de calle.
Le respondo_ se lo que haces en mi habitación aprovechando mi ausencia.
Me mira, su mirada mecánica, sin alma, casi siento que tajea mi piel. Mi voz se congela. De su pecho sale otra voz, monstruosa:_ de ahora en mas conmigo te comunicarás por whatsapp.
Esos 2 minutos en la estación me parecen eternos. A donde voy?
Necesito que me devuelva la fianza.
Pasan los dias, saludo, no hay respuesta.
Un limón podrido en mi cajón de la nevera. El mismo que tiré anoche a la basura. Percibo su deleite. No digo nada.
El se encuentra a escasos metros. Disfruta con su manera de "castigar" que él considera justa, en su mundo donde es rey absoluto. Ruego que se vaya. Coje la chaqueta y las llaves. Mantengo la respiración. Luego se gira. Tiemblo. _oye_ dice con gesto despectivo_ recoje las migas que has tirado debajo de la mesa. Miro donde señala y observo un montón de migas y trozos de pan perfectamente colocados en el suelo en forma de montaña.
_yo no he tirado eso, le digo sin comorender su cometido..
_ ah no? Pues quien sera entonces? Aquí solo estamos tu y yo y desde luego yo no hago esas cosas.
Lo miro estupefacta_ es una broma, no?
Su cara cambia, se cierra su sonrisa irónica y responde_ yo no hago bromas. Da media vuelta pero no se va, tira las llaves y se dirige a su habitación. Corro hacia la puerta de calle.
Una luz, el metro. Miro hacia atrás. No hay nadie. No sé a donde iré. Miro adelante, la puerta del metro se abre. Solo 1 paso.