El golpe

Leila Sofia

Un día tan normal como los otros, si se puede llamar normal estar en la pandemia, una chica llamada Andrea estaba sentada al lado de la ventana, observando como caía la lluvia y preguntando: 


- ¿Por qué no puedo ser ya mayor para ayudar a combatir el virus?


Y en esa nota, ya se fue a dormir. 


Hasta que no lo pudo evitar más y se fue a su escondite secreto, allí se sentía totalmente sola y en paz, sin todos los problemas del mundo, y se puso a llorar. La cosa es que Andrea pensaba demasiado, intentaba imaginarse cómo se sentíael resto del mundo, muriéndose y sufriendo por la familia que había perdido, y finalmente tantas emociones estaban en su cabeza que estaba muy  distraída. Cuando salió de su escondite se pegó la cabeza con la cobertura de su terraza y se quedó fuera de combate. 


Ella esto no lo supo hasta que se despertó, pero eso fue  después, porque ella se puso a soñar, aunque claro, no lo sabía, y su sueño comenzó así... 


En un momento se encontró en la calle, se miró en un cristal y parecía que tenía más o menos treinta años, aunque no le sorprendió y se fue al trabajo. Ella trabajaba en un laboratorio como mecánica cuántica, y los últimos cinco años había trabajado en un proyecto que trataba de construir una máquina del tiempo, por decirlo de alguna manera. Pero claro, era mucho más complicado que lo que se había imaginado Andrea. Cuando al final llegó al trabajo, ella no sabía para qué era esa maquina, pero tenía una teoría, y de vez en cuando soñaba en lo que podría hacer con ella cuando estaba total mente construida. 


Cuando entró estaba completamente vacía, eso sí que le sorprendió, y como en todas sus películas preferidas, se puso a investigar pero no había nada, ninguna pista, no había ni tan solo una taza de café caliente, ¡la indignación! 


Al final se rindió, encendió las luces y se puso a trabajar, aunque se encontraba muy sola sin sus compañeras, que habían seguido con ella desde primero de primaria. Y comenzó a inspeccionar la máquina, pero era diferente, estaba completamente construida. La única cosa que era igual eran sus calculaciones y modificaciones, y llegó a la conclusión que al fin, después de todos estos años, la máquina estaba completa. No se podía creer, era el momento más feliz de toda su vida. Y sin dudarlo, entró, lo comenzó,  hizo unos cálculos y unos planos para lo que haría, y pulsó el botón. La máquina estaba construida para que no te murieras durante el viaje y funcionaba perfectamente. Solo que, con toda la emoción, tenía que ir al lavabo y no había pensado en ello, pero se aguantó. 


 


Llegó a su destinación el 25/11/2019 unos días antes de que el coronavirus existiera. Su misión era parar el coronavirus antes de que pasase. 


 


Y se puso en marcha. Primero tendría que llegar a Wuhan, donde el virus zoonótico se crearía. Después de una noche en avión,  muchas películas viejas y muchas bolsas de pretzels, Andrea llegó a su destinación. Ella sabía, después de leer varios libros, que la mejor idea es que el virus se creó en una de esos mercados en vivo donde dos virus infectarían un mismo animal, y allí comenzarían todos los problemas. Consiguió hablar con el organizador de eventos e hicieron un espectáculo libre, donde contaban cuentos y hacían más y más actividades gratis, solo para ese día de mercado. Al final ,nadie fue al mercado y el coronavirus no existió nunca. 


 


Se despertó y unas luces muy fuertes brillaron, y  Andrea entendió lo que le había pasado, e intentó irse a dormir otra vez. 

Categoría de 8 a 12 años. Maristes la Immaculada