Sospechas
--Lo recuerdo todo perfectamente. Era un martes por la noche, me encontraba en el metro esperando a que llegara mi tren. Yo venía de trabajar en uno de esos bares que solo están abiertos en verano. Mientras tanto yo seguía esperando, había escasa gente ya que era medianoche y era uno de los últimos trayectos antes de que cerraran la estación. Me giré para observar quién había a mi alrededor, a ver cuánta gente había. Estaban dos señores grandes borrachos que seguro que iban para su casa, un vagabundo estirado en uno de esos bancos de hierro durmiendo y él. Él era diferente a los demás, iba vestido con un traje entero de negro y con un sombrero que con la luz que reflejaba el edificio provocaba una sombra en su rostro que impedía que le pudiese ver el rostro. Era alto y delgado, pero lo que me inquietaba era que sentía que me estaba observando a través de esa sombra escondida. Tenía la sensación de que quería algo de mí. Llegó el tren, nos subimos todos excepto el vagabundo. Yo me senté en un asiento al lado de la puerta, los señores se sentaron delante de mí y se pusieron a hablar de sus cosas, pero él decidió quedarse de pie en la otra punta del vagón aun sabiendo que había muchos asientos libres. Cada vez me sentía más observado. Los dos señores habían bajado en su parada, solo quedábamos él y yo. Se acercó sigilosamente. Yo estaba con la guardia alta. De golpe se apagaron las luces y él apareció delante de mí; se volvieron a encender y apagar las luces y desapareció. Llegué a mi parada y me dirigí a mi casa. Andaba con mucha inquietud, mirando a mi alrededor por si alguien me seguía hasta mi casa. Tenía la sensación de que mil ojos me estaban apuntando a la vez. Llegué a mi casa, cerré la puerta con el doble pestillo, me estiré en mi cama e intenté dormir. No podía. Tenía la imagen de ese señor grabada en mi mente. Al día siguiente fui a trabajar aun no habiendo dormido nada. Llegué al bar y me puse a trabajar para intentar despejar mi mente, pero seguía su figura en mi mente. Mis compañeros de trabajo me preguntaban si me pasaba algo. Yo respondí que sí y solté una de mis sonrisas falsas. Ese día me tocaba cerrar el local, por lo que saldría del trabajo mucho más tarde. Me encontraba cerrando el local cuando de pronto, sentí la misma sensación que en el tren. Sentía que me seguían y me apresuré para llegar a la estación. Pero esa vez era diferente, estábamos el vagabundo y yo, él durmiendo y yo esperando. Llegó el tren, me subí y me senté en el mismo sitio, esta vez aliviado porque no había nadie. De pronto, las luces empezaron a parpadear. Al fin se encendieron de manera correcta, pero tenía alguien detrás. Era él. Se quitó el sombrero y tenía una cara maléfica, una mirada perdida, con una nariz prolongada, su sonrisa era diabólica y alargada como el villano Joker. Me paralicé aterrado. No podía creer lo que veía. Intenté huir, pero ahí seguía inmóvil. Él se acercaba poco a poco, me quería a mí. Reaccioné y empecé a correr. Llegamos a mi parada y salí corriendo hasta mi casa con él detrás de mi, arrollando todo lo que se cruzaba, con una destrucción masiva. Entré por la puerta de mi casa y llamé a mi madre y a la policía. Llegaron, les conté todo y al bajar todo estaba bien, sin rastro de nada y nadie. Todo el mundo pensaba que estaba loco, incluso yo mismo lo pensé. Por eso me enviaron aquí, a un centro psiquiátrico, con gente como yo.
--Muchas gracias. Este informe se lo pasaré al doctor Ñíguez y evaluaremos su situación.
Categoría de 13 i 17 años. Institució Igualada