Un robo inusual
Un martes cualquiera bajé las escaleras de la estación de Sants y entré apresuradamente dentro del metro. Eran las ocho de la mañana y como cada día a esa hora el metro iba lleno de gente: personas que iban al trabajo, niños que iban a la escuela, etcétera.
A continuación me senté en medio de la multitud y empecé a analizar a todos los pasajeros. Entre ellos encontré la víctima perfecta: un hombre de mediana edad, estatura alta, zapatos de cuero, traje negro, camisa blanca, corbata azul y un reloj de alta gama. Por la forma que iba vestido aparentaba ser un gran hombre de negocios. En ese instante estaba hablando por teléfono de asuntos de trabajo. Parecía muy estresado y distraído. De su pantalón asomaba una billetera aparentemente repleta de billetes.
Seguidamente vi que era el momento perfecto para ejecutar mi trabajo. Aproveché un frenazo brusco para acercarme al objetivo. Realicé un movimiento, rápido, preciso e imperceptible. La billetera pasó de su pantalón a mi abrigo sin que el empresario notara nada. Luego, sonreí con picardía y me alejé buscando un sitio cerca de la puerta de salida, contento porque me había salido con la mía. Cuando llegamos a la siguiente parada bajé con tranquilidad para no levantar sospecha. Una vez estaba seguro, abrí la billetera. No podía creer lo que había dentro.
¡Nada de billetes, ni tarjetas, ni un simple céntimo! Al contrario estaba vacía, pero luego me di cuenta de que en uno de los bolsillos de la billetera se encontraba una nota escrita a mano y doblada varias veces. Fruncí el ceño y desplegué el misterioso papel con ganas de saber qué había escrito. En ese pedazo de papel mal cortado ponía:
-¡Te he visto!, mira tu bolsillo.
El estómago se me encogió y mi corazón latía a mil por hora. Metí la mano en el bolsillo derecho de mi abrigo, ¡Mi cartera había desaparecido! Un sudor frío me recorrió todo el cuerpo, en ese instante sentí que el mundo se me caía encima. Levanté la vista confundido y vi cómo se alejaba el metro. En una de sus ventanillas había el señor con traje, me miraba fijamente con una gran sonrisa. Y lo peor de todo es que no tenía ni idea de cómo lo había hecho.
Categoría de 13 i 17 años. Institució Igualada