El paquete que nunca se recogió
Era un frío día de invierno cuando Mark salió de casa para recoger un paquete. Un desconocido lo había llamado días atrás asegurándole que tenía algo especial para él.
No dio detalles, solo insistió en que era importante. Como no tenía coche, Mark se dirigió a la estación de metro. Al llegar, se dio cuenta de que el andén estaba casi vacío, salvo por un hombre sentado en un banco. Parecía estar esperándolo.
—Llevaba mucho tiempo buscándote, pero al fin te he encontrado —dijo el desconocido sin apartar la mirada de él—. Un viejo amigo me dijo que vendrías.
Mark se sorprendió.
—¿A qué te refieres?
—Al paquete.
Mark sintió un escalofrío recorrerle la piel.
—¿Cómo sabes eso?
—Eso no importa. Solo debes seguirme. Te llevaré al almacén donde se encuentra.
Mark dudó. Todo esto parecía demasiado extraño. Pero, al fin y al cabo, ¿qué podía salir mal?
—Está bien —respondió, tratando de sonar convincente.
El desconocido lo condujo por las escaleras y juntos salieron del metro. Durante el trayecto, Mark intentó sonsacarle algo más.
—¿Por qué me acompañas?
El hombre no respondió. Solo miraba al frente con una mirada fría.
—¿Entonces? —insistió Mark.
De repente, sintió un fuerte golpe en la cara.
Cuando despertó, un intenso dolor le atravesaba la cabeza. Intentó moverse, pero estaba atado a una silla, con la boca tapada. El aire olía a humedad y frente a él, el desconocido lo observaba con una sonrisa tensa.
—Me llamo Alex —dijo él—. Y no estás aquí para recoger nada.
Mark intentó gritar, pero la cinta de su boca le impidió que alguien lo escuchara.
—Tranquilo. No voy a matarte… todavía. Pero necesito que hagas algo por mí.
—¿Qué quieres? —logró balbucear cuando le retiraron la cinta.
—Es sencillo —dijo Alex, apoyándose en la mesa—. Quiero que elimines a alguien por mí.
El corazón de Mark se aceleró.
—¿Qué? ¡Estás loco!
—Es un juez. Me encerró dos años por un crimen que no cometí. Ahora es su turno de pagar.
—¡Yo no voy a hacer eso!
Alex suspiró, sacó su teléfono y le mostró una imagen.
—Si no lo haces, alguien más sufrirá —dijo.
Mark sintió un nudo en el estómago al ver la foto de su hermana pequeña.
—No tienes opción. Mañana, a las ocho de la tarde, cuando el juez salga del trabajo, lo empujarás a las vías del metro.
Mark sintió el sudor frío recorriendo su cuerpo.
El día señalado llegó demasiado rápido. Mark caminó hacia la estación con el estómago revuelto. Alex lo seguía de cerca, vigilando cada uno de sus movimientos.
Cuando el juez apareció en el andén, Mark se acercó tembloroso. Todo su cuerpo le gritaba que no lo hiciera. Pero entonces, sintió una mano en su espalda.
Antes de que pudiera reaccionar, alguien lo empujó.
Cayó a las vías del metro.
El sonido del tren acercándose fue lo último que escuchó antes de que todo se volviera negro.
Categoría de 13 i 17 años. Institució Igualada