El metro del desierto
Por fin, tras tanto tiempo lo habían conseguido. Los habitantes egipcios ya tenían un medio de transporte seguro y eficaz para moverse por el país. El Metro egipcio.
Era un día corriente, ya anocheciendo, los pasajeros cansados esperaban a que llegara el metro. Llevaba un retraso de diecisiete minutos. Fue entonces cuando llegó el metro, pero no tenía el mismo aspecto que siempre, se veía desgastado y sucio, aunque los pasajeros no le prestaron atención ya que estaban demasiado cansados como para fijarse, únicamente querían llegar a casa tras una larga jornada de trabajo. El metro empezó con su ruta habitual, por la ventana solo se veían unas luces palpitantes y la arena del túnel. En el vagón se respiraba un aire frío y denso, los pasajeros estaban inmersos en sus pensamientos y nadie decía nada. De repente el conductor dio el aviso que debían de modificar su trayecto, a causa de que el metro anterior no había llegado a su destino, y se creía que había sufrido un accidente. El metro se desvió por un túnel con una apariencia de condiciones prehistóricas. Fue entonces cuando el metro empezó a hacer movimientos más bruscos de lo común, pero, de un momento a otro esos movimientos cesaron. Ya habían llegado a su nuevo destino, salieron del vagón en orden y lo primero que observaron al salir fue al otro metro aparcado justo delante de ellos, confundió a la mayoría de pasajeros pero pasaron de largo ya que únicamente querían ir a casa a descansar. Salieron al exterior como si se tratase de una cueva y llevaran siglos encerrados en ella, entonces algo les alarmó, era de día, tampoco se escuchaba el jaleo habitual de la ciudad. Pero lo que más les impactó fue que las pirámides habían desaparecido. Mejor dicho, aún no se habían construido. Entonces se dieron cuenta de que el metro los había transportado al Antiguo Egipto. Se quedaron petrificados, incrédulos por la nueva realidad a la que se deberían de enfrentar.
Categoría de 13 i 17 años. Institució Igualada