El destino en el metro
El metro avanzaba tranquilo y con pocas personas en el vagón. Clara miraba con curiosidad por la ventana, perdida en sus pensamientos. Estaba cansada porque había sido un día largo, pero disfrutaba esos viajes nocturnos, cuando la ciudad estaba vacía y podía gozar de la tranquilidad de la noche estrellada.
Cada vez quedaba menos gente y apenas subía nadie. Aún le quedaba la mayoría del trayecto. De repente, el metro se paró y se rompió el silencio. Entró un grupo de amigos, los cuales estaban muy animados. Todos menos uno. Clara se lo quedó mirando. No lo conocía. Pero algo en su presencia le hizo sentir que sí, aunque ella decidió dejar de lado esa sensación. No tardaron en irse los amigos, todos menos él. Se levantó y se sentó frente a ella, y cuando las miradas se cruzaron, todo pareció detenerse por un instante. Él sonrió, como si fuera lo más normal del mundo, y sin darse cuenta, le devolvió la sonrisa.
Debía de tener unos veinte años. Era moreno, alto y de mirada perdida, pero tenía algo y eso que Clara no podía descifrar, era lo que le generaba inquietud.
- ¿A dónde vas?
Clara pensó en dar una respuesta obvia, pero en cambio dijo:
- A donde me lleve mi destino.
Él sonrió.
- Tal vez mi destino también sea ese.
Clara bajó la mirada, sin saber qué responder. No entendía por qué sentía que ya lo conocía. Era un desconocido, pero había algo familiar en él, como si se hubieran cruzado antes sin darse cuenta.
El tren seguía su recorrido, y Clara vio su parada acercarse. Sintió un extraño deseo de quedarse, de no romper ese momento. Pero las puertas se abrieron, y supo que debía bajar. Se puso de pie y lo miró una última vez. Él la observó con calma, como si también entendiera que ese momento era especial.
- Quizá nos volvamos a ver – dijo él, con una sonrisa segura.
Clara no respondió, solo sonrió antes de salir. Mientras caminaba por el andén, sintió que, de algún modo, esa historia no terminaba ahí.
Categoría de 13 i 17 años. Fert Batxillerat