Sola

Valentina

Ramona andaba sola hacia el metro. Eran las 2:50 de la mañana y volvía de pasarlo bien con sus amigas. El ruido de sus tacones bajando las escaleras resonaba por toda la estación mientras rebuscaba algo en su bolso. Sin darse cuenta perdió el equilibrio y cayó a un par de escalones sobre el suelo, no se hizo mucho daño, pero la tarjeta de metro, que era lo que estaba buscando, se deslizó a un par de metros por delante. Se levantó avergonzada y fue enseguida a recoger la tarjeta, levantó la cabeza y advirtió que no había nadie, nadie la había visto caerse. Suspiró, pasó la tarjeta e hizo el camino hasta sentarse en uno de los bancos de espera frente las vías. No había absolutamente nadie, lo cual le causaba una sensación contradictoria de paz e incomodidad. Observaba el morado de sus rodillas cuando oyó el metro acercarse. Se levantó de golpe se ajustó la falda y las puertas del vehículo se abrieron frente a ella. Entró y se sentó frente la ventana; de nuevo no había un alma, se le hizo raro. Las puertas se cerraron y el metro avanzó como de costumbre. Una de las luces a la izquierda de Ramona parpadeaba y de pronto empezó a parpadear también la de más lejos. En cuestión de segundos el metro se quedó por completo a oscuras, seguía avanzando, pero parecía que cada vez iba más rápido. Ramona agarró su bolso y se puso muy nerviosa, se sentía como en una pesadilla y cuando ya estaba dispuesta a llorar notó cómo iba disminuyendo la velocidad. Abrió los ojos y observó como el metro salía del túnel, se puso una mano en el pecho y respiró aliviada. Miró su reloj, eran las 3:02. Entonces miró a través de la ventana y quedó congelada. Se encontraba en una pradera. Se abrieron las puertas y ella se levantó lentamente, sin poder quitar sus ojos de lo que estaba viendo. Salió del vagón y había un valle lleno de hierba que daba a una especie de aldea. Boquiabierta se giró para entender lo que estaba pasando y el metro empezó a avanzar. Entonces reaccionó y empezó a correr detrás de él, pero obviamente no pudo alcanzarlo y allí se quedó. Volvió a observar el paisaje. El cielo nocturno tenía más estrellas de las que había visto nunca y provenía un alboroto de un pequeño poblado que había a lo lejos. Metió la mano en el bolso y sacó su móvil, sin datos. No sabía qué hacer, no identificaba aquel lugar y era incapaz de orientarse, estaba rodeada por montañas aquel valle. Empezó a caminar hacia el ruido y mientras lo hacía iba distinguiendo algunas hogueras. Llegó al poblado y eran todo casas de madera, se acercó a una ventana y observó una humilde familia cenando alrededor de una mesa. De repente una pequeña niña gritó señalándola al verla.

Categoría de 13 i 17 años. Fert Batxillerat

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