El "pum2 en la L5

Patricia

Era un lunes a las 8,45h, cogía la L5 con Tamara para ir al colegio, desde Entença hasta Sagrada Família. Esas cuatro paradas se convirtieron en las más largas de mi vida. El vagón avanzaba tranquilo, pero lleno de gente. Un señor a mi lado escuchaba música con auriculares, pero no servían de nada porque reconocí "Vivir la vida".  


Paramos en Hospital Clínic; una señora embarazada se sentó a mi lado. Antes de llegar a Diagonal el tren... ¡se paró! Y tres segundos más tarde... ¡se apagaron las luces! Todo el mundo, asustado, empezó a hablar y gritar. Yo me sentía a salvo con Tamara pero, cuando ya llevábamos veinte minutos parados, me di cuenta de que me había saltado el examen de mates y no me hacía ninguna gracia. Empecé a estresarme, hacía mucho calor.   


Por la ventana vimos a un chico caminando por las vías de al lado, ¡era el conductor! Me pregunté si nos ayudaría a salir o iría a pedir ayuda. Llevábamos cincuenta minutos y parecía que la escapada del conductor no había servido de nada. De repente las luces volvieron y el tren empezó a moverse muy rápido; los que iban de pie se cayeron, no había nadie para pararlo. Diagonal, Verdaguer, Sagrada Família y... ¡PUM! Todo desapareció, solo veía negro.  


Me desperté, Tamara no respondía. Mi mejor amiga estaba inmóvil, el mundo se me caía encima. No sólo Tamara, todo el vagón: el chico de los auriculares, la embarazada... Había mucho silencio, hasta que escuché: "¿Estás bien?”. Levanté la cabeza, me quité las lágrimas con la mano y vi a una niña pequeña. Era rubia y llevaba dos trenzas, sus ojos eran de color verde claro y tenía pecas. Tenía una sonrisa preciosa, pero en ese momento no la lucía. Ella estaba muy preocupada, como yo, pero me veía obligada a no demostrarlo.  


- Sí, solo me pican los ojos - dije disimuladamente. 


- Mi madre no se despierta - dijo la niña pequeña. 


- No te preocupes, estará cansada - dije. 


- ¿Cómo te llamas? - preguntó la niña pequeña. 


- Yo Patricia, ¿y tú? - pregunté. 


- Yo Manuela, pero me puedes llamar Manuelita - afirmó Manuelita.  


Seguíamos hablando, ya llevábamos cuatro horas y teníamos mucha hambre. Decidimos buscar por las bolsas y mochilas de la gente que parecía muerta, Manuelita pensaba que descansaban y cada vez se me hacía más difícil esconder la muerte de los pasajeros, ya que sentía una pena muy grande por Tamara. Mientras me tomaba una ensalada de la chica embarazada, pensé en cómo salir de allí. Con un clip empecé a abrir las puertas que conectaban con los demás vagones; por el hecho de estar más lejos de la pared, del choque, había más personas vivas, pero muchos heridos.  


Finalmente abrimos el vagón la puerta que conectaba con la del conductor, y Manuelita y yo salimos por la puerta por donde había salido el conductor anteriormente. A pesar de que no fue nada fácil llegar a la estación, porque teníamos mucha hambre y todo estaba oscuro, logramos llegar y conseguimos avisar a la policía.


Tamara falleció, como la madre de Manuelita, la mujer embarazada, el nombre de los auriculares, etc. No resultó nada fácil superar la muerte de Tamara y la desgracia que viví, pero Manuelita y yo estuvimos siempre ahí para ayudarnos y ahora es como mi hermana pequeña. La quiero mucho. 


 

Categoría de 13 i 17 años. Fert Batxillerat

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