Viaje en la Línea 3
Lía y su perrita Kira iban todos los días en el metro de TMB. Kira, una mestiza de orejas puntiagudas y cola inquieta, siempre metía el hocico donde no debía. Lía, en cambio, era más tranquila, aunque en el fondo le encantaban las aventuras.
Era una tarde como cualquier otra. Volvían del instituto en la Línea 3, como siempre. Kira estaba tumbada a los pies de Lía cuando, de repente, se levantó y empezó a olfatear el suelo con entusiasmo. Tiraba de la correa con tanta fuerza que Lía casi la suelta.
—Kira, ¿qué haces? ¡Para! —susurró Lía, avergonzada por las miradas de la gente del vagón.
Pero Kira no le hizo caso. Su hocico se dirigió a un viejo cuaderno negro, que estaba metido debajo del asiento.
Lía lo cogió con curiosidad. No tenía ningún nombre ni dirección. Lía llegó a su parada y bajó con el cuaderno en la mano.
En casa, lo abrió. En la primera página, había una frase escrita:
"Ya es demasiado tarde."
Lía sintió un escalofrío. Pasó las páginas rápidamente. La mayoría estaban en blanco, pero había frases sueltas:
"Me siguen. Lo sé."
"No confíes en ellos."
"El túnel de la estación de Vall d’Hebron… ahí está la respuesta."
Lía tragó saliva. ¿Era una broma? Miró a Kira, que la observaba con sus ojos atentos.
Durante toda la tarde intentó ignorarlo, pero no pudo. ¿Y si alguien estaba en peligro?
A la mañana siguiente, antes de ir a clase, fue con Kira hacia Vall d’Hebron, sin saber lo que estaba buscando, pero su curiosidad la empujaba.
Al llegar, empezaron a caminar por el andén. Estaba completamente vacío. Kira se detuvo delante una puerta con un cartel que decía "Personal autorizado" La cerradura tenía marcas de arañazos, como si alguien la hubiese forzado. Lía empezó a sentir una extraña presión en el pecho, como si el aire se hubiera vuelto más denso.
Kira olfateó la puerta y dejó escapar un gruñido.
—¿Qué hay ahí dentro?—susurró Lía.
Justo en ese momento, sonaron fuertes pasos por el andén vacío.
Lía se giró rápidamente. Había un hombre misterioso al otro lado del andén. No se movía, solo la miraba fijamente.
El corazón de Lía comenzó a latir con fuerza. Tenía que salir de allí.
Se aferró a la correa de Kira y rápidamente se dirigió hacia la salida.
Cuando subió a la calle, miró atrás, el hombre ya no estaba.
Asustada, metió el cuaderno en una bolsa, lo dejó en una papelera y se apresuró hacia la parada de autobús.
Al día siguiente, cuando tomó el metro, todo parecía normal. Pero al llegar a la estación, vio algo que la dejó sin palabras. En el banco, frente a ella, había un cuaderno idéntico al que había encontrado. Estaba justo allí, con la misma frase escrita:
"Ya es demasiado tarde."
Lía sintió un escalofrío y miró a su alrededor. A nadie parecía importarle. Kira levantó la cabeza y vio al hombre del otro día, que la observaba inquietantemente.
Lía apretó la correa y bajó del tren en la siguiente parada.
Mientras corría hacia la salida, sintió que la mirada del hombre seguía sobre ella. Pero al dar vuelta en la esquina, se giró rápidamente y vio cómo el vagón del tren comenzaba a alejarse. El hombre no estaba allí.
Respiró aliviada, pero no pudo evitar mirar el cuaderno que aún llevaba en la mano. Lo abrió una vez más. Pero encontró algo que no había visto antes.
“Hay más de lo que crees.”
Lía cerró el cuaderno con un golpe seco, decidida a no dejarse arrastrar por la paranoia. Sin embargo, sabía que algo extraño estaba ocurriendo, y que aún no había terminado con la historia que había comenzado involuntariamente.
Categoría de 13 i 17 años. Fundación Flors