Un pacto con el más allá
Vila-real nunca duerme. Sus calles ocultan secretos, pero el verdadero horror se oculta en un instituto en el que a continuación ocurrirán cosas macabras y atemorizantes.
Ángel siempre había considerado a Juan Esteban y a Dani como simples compañeros de clase. No eran particularmente cercanos, pero tampoco había razones para desconfiar de ellos. Sin embargo, una mañana todo cambió. Al entrar en el baño del instituto, encontró a Juan Esteban inclinado sobre el cuerpo inmóvil de Dani. Su boca estaba manchada de sangre y trozos de carne goteaban de sus labios. Antes de que Ángel pudiera reaccionar, sintió un golpe seco en la cabeza y todo se volvió oscuro.
Despertó en el hospital, rodeado por sus compañeros. Le dijeron que lo habían encontrado inconsciente en el baño, pero nadie mencionó a Dani. Su ausencia fue explicada como una simple desaparición. Ángel intentó convencerse de que lo que había visto había sido solo una pesadilla, pero las semanas pasaban y Dani seguía sin aparecer. Además, empezó a notar algo inquietante: alguien lo vigilaba constantemente.
La paranoia se convirtió en terror cuando sus amigos comenzaron a morir. Primero fue Pablo, encontrado con el torso abierto como si algo lo hubiese devorado. Luego Iván, cuyo cuerpo apareció colgado en el patio del instituto, con marcas de garras en la piel. Después Joan y Daniela, ambos desaparecidos en la misma noche, sin dejar rastro. Ángel sabía que no era una coincidencia. Sabía quién estaba detrás de todo, pero ¿cómo enfrentarlo?
Una noche, al salir del instituto, sintió pasos tras él. No necesitaba volverse para saber que era Juan Esteban. Corrió sin mirar atrás, esquivando calles hasta llegar a la entrada del metro en Vila-real. Descendió de dos en dos los escalones, sintiendo su corazón a punto de estallar. Cuando llegó al andén, las puertas del tren se abrieron y se lanzó al interior.
Por un momento creyó estar a salvo. Pero entonces levantó la vista y allí estaba Juan Esteban, sentado al otro extremo del vagón. Algo en su expresión le hizo comprender que no era un simple humano. Las luces parpadearon y, cuando la oscuridad los envolvió por un instante, Juan Esteban dejó de ser humano. Su piel se tornó ceniza, sus ojos ardieron y sus manos se alargaron en garras afiladas y unas alas oscuras acabadas en forma de pincho.
Los pasajeros continuaban pendientes de sus teléfonos, ajenos a la escena. Ángel intentó gritar, pero un zarpazo le desfiguro la mandíbula, dejándolo mudo. Juan Esteban lo levantó como si no pesara nada y lo sacó del tren, y se lo llevó a una especie de sótano abandonado con pinturas demoniacas, y antes de acabar con él, Ángel en su cabeza estaba pensando ¿por qué haces esto Juan Esteban? ¿Por qué a mí? Y apareció una voz en la cabeza de Ángel, la cual parecía la de Juan Esteban, que decía, estaba harto de esa vida regular y aburrida de ser débil y frágil y por eso hice un pacto con el Demonio y me dio esa fuerza que quería a cambio de derramar sangre en su nombre, a lo que Ángel le contestó y porque te comes los cadáveres era necesario. Juan Esteban le dice, cuanta mayor sangre, huesos, músculos y demás ingiero, mayor poder gano y tampoco dejo huellas. ¡Se acabaron las preguntas! Exclamó Juan Esteban y comenzó a desmembrarlo con precisión, su sed de sangre era insaciable.
Juan Esteban, ya de nuevo con su forma humana, descendió con calma y se perdió entre la multitud de la ciudad, satisfecho, hasta que su sed volviera a despertarse.
Categoría de 13 i 17 años. Fundacion Flors