Parada repentina
Esta historia comienza en la parada de metro de Plaza Cataluña un miércoles a las 7:30 de la mañana. Nuestro protagonista, Pablo, se encontraba sentado y mirando cómo pasan los trenes mientras espera a su amiga Sara, que siempre llega tarde. Pablo se giró en el mismo instante en el que apareció Sara jadeando y sujetando todas sus pertenencias como si fuesen parte de su cuerpo.
- Lo siento, Pablo- dijo mientras cogía aire- es la última vez que llego tarde, te lo prometo.
- No pasa nada, Sara, de verdad.
Los dos se levantaron al ver el tren que debían coger y se subieron. Era una mañana de verano, el tren estaba abarrotado y hacía un calor bochornoso. Eran sus últimos días de colegio y los dos charlaban sobre lo que iban a hacer una vez acabado. Las gotas de sudor les caían por la frente mientras se imaginaban a ellos mismos tomando el sol en la playa.
El viaje se estaba haciendo largo y pesado y les parecía que estaban recorriendo toda Barcelona en círculos. De repente, el tren se paró en seco. Pablo pudo ver cómo salían chispas de la fricción entre las ruedas y las vías del tren antes de que todos los pasajeros cayeran por la importante frenada. Todos se preguntaron el motivo de esa parada tan repentina y Sara le decía:
- ¡No puede ser! No podemos llegar tarde otra vez.
Mientras tanto, Pablo se imaginaba la bronca de su madre al llegar a casa por haber tenido otro retraso causado por su amiga que llegaba tarde. Había una incertidumbre entre los pasajeros por si el tren continuaría su trayecto y, para su sorpresa, se apagaron las luces, dejándolos completamente a oscuras. Repentinamente, el frío se apoderó del tren haciendo que las ventanas se cristalizaran y la gente echara vaho por la boca al respirar.
Las luces empezaron a parpadear y se vio cómo una silueta flotante entraba por las puertas del tren. Cada centímetro que se les acercaba, sentían mas frío y menos felicidad, como si aquella criatura les estuviese arrebatando el alma. Era oscura como la noche, con una túnica envejecida y rota que se arrastraba por los suelos y le cubría todo el cuerpo. La túnica se abría por los lados para dejar pasar unos brazos escuetos y arrugados con largos dedos descuidados. Por la boca, se abría un orificio por el cual daba la sensación de que aspiraba la felicidad y el calor. Estaba cara a cara con Pablo cuando parecía que le quitaba el alma aspirándole desde su boca hasta que lo dejó inconsciente y se desvaneció.
Categoría de 13 i 17 años. Fert Batxillerat