LA VUELTA A LA TORTILLA
Era un día normal y corriente, vamos como cualquiera. Estaba entrenando con mi equipo de fútbol.
La verdad es que mi día estaba yendo muy bien, ya que mi entrenador me acababa de comunicar que me había sacado la ESO y me puse muy contento, aparte, el entreno me estaba yendo tope de bien, vamos, que me estaba yendo de perlas. Seguí entrenando, pero más tarde empezó a llover, la cual cosa hizo que todos nos fuéramos a casa. Me fui directo a la estación mientras escuchaba música, como siempre.
Pero aquí llega lo extraño. Después de dos minutos, me di cuenta de que había un señor detrás mío que al parecer me estaba siguiendo. Seguí caminando a ver si solo era una cosa mía, pero me di cuenta de que estaba en lo cierto, ya que empecé a cruzar por callejones oscuros en los que no pasaba nadie y ese señor seguía detrás de mí. Me daba un poco de miedo, ya que el señor este iba vestido de manera como si fuese a cometer un crimen y no quisiera dejar rastro, o bueno, eso pensé yo al ver que iba con una vestimenta negra entera y dentro de eso cabía: un sombrero, la chaqueta esta que se ponen los detectives muy larga tapándole casi toda la cara, pantalones de vestir y unos mocasines.
Llegué a la estación de tren empapado, ya que minutos antes había empezado a caer un chaparrón. Me fui directo hacia las pantallas de la estación para ver cuando pasaba mi tren, y vi que pasaba en dos minutos. A la hora de picar, el señor que parecía que me estaba siguiendo se coló detrás de mí. No sé por qué hizo eso la verdad, pero fue muy raro y me asusté un poco. Me alzé de valor y le pregunté que porque hizo eso, y lo que hizo fue mirarme, sonreírme y decirme: Tranquilo Stat, no te apresures. Pues siguió caminando con las manos en los bolsillos. Me quedé en blanco, se me bajó la sangre a los pies. Me sentí como si te dijeran que acababas de repetir curso y solo pensases en lo que te dirán en casa o lo que te harán. No sabía como el señor ese se sabía mi nombre, ni el porqué me había dicho eso. Me monté al tren y el señor ese seguía cerca mío. Se había sentado a dos metros como mucho. Me sentí muy vigilado, ya que no me quitaba la mirada de encima. Entonces me levanté y fui a sentarme más lejos. Llegué a mi destino, pero ya no sabía si quería bajarme o no. Cuando bajé del tren, miré hacia mi alrededor para ver si el señor estaba, y como no lo vi, me fui corriendo hacia la salida para librarme de una vez por todas de él.
Al salir de la estación, me daba igual empaparme de lluvia, más bien, me daba igual todo, pues me habían dado la noticia de que mis padres acababan de fallecer por asesinato en casa. Lo que hice fue buscar al señor, ya que sabía que él tenía algo que ver, pero ni rastro. Entonces más tarde me di cuenta de que ese también iba a ser mi último día en el mundo. Llame a todas las personas cercanas para agradecerles por todo lo que habían hecho por mí y por todo lo que habíamos vivido.No sabía donde estaba el señor, pero sabía que estaba cerca de mí. Lo único que quería hacer era llegar a casa y ver a mis padres por última vez, sea en las condiciones que sea. Al meter la llave de mi entrada me pusieron algo en la cabeza. Era de metal y un poco pesado, pero sabía que era una pistola. Obviamente, sabía que era el señor y lo que hice fue preguntarle el porqué había hecho todo eso, pero nunca lo sabré.
Categoría de 13 i 17 años. INS ALEXANDRE GALÍ