Entre los túneles y la vía

Ainhoa

Un chico, llamado Jordi, acaba de salir de trabajar, está cansado, después de un día duro de trabajo, solo quiere llegar a casa, ducharse, tumbarse en el sofá y cenar mientras mira esa serie que tanto le gusta. Pero para llegar a casa, Jordi tiene que coger el metro, como lo hace habitualmente, se ha subido en la estación de Hospital Clínic.


 


Mientras miraba desde la ventana del metro. La gente del metro iba y venía con prisa, cada una de las personas estaban en su mundo, en sus pensamientos y rutinas. Pero hoy, sin saber el porqué, algo le llama la atención. Al lado suyo, hay una mujer con el pelo corto, vestida de traje, formal, “parece que trabaje en alguna gestoría o algo así”, piensa Jordi. Tal vez ella también estaba cansada, ya que era tarde, pero su cansancio era diferente. Parece que su jornada ha sido diferente a la de Jordi. 


 


Delante suyo, una joven que aguantaba un ramo de flores con la mano izquierda, mientras que con la derecha tenía el móvil, en el que estaba escribiendo rápidamente un mensaje. Su cara lo decía todo, parecía como una especie de mezcla de nerviosismo y felicidad, como si viniera de quedar con alguien importante y estuviera volviendo a casa. “Podría ser que fuese su primera cita”, pensó Jordi.


 


Al otro lado, una mujer joven, parecía que estuviera agotada mentalmente, tenía el pelo moreno y llevaba con ella unas 4 bolsas llenas, la acompañaba una niña pequeña de unos 4 años, que dormía contra la ventana del metro. La niña llevaba en su brazo una pulsera típica de hospital, que te ponen cuando estás ingresado, vas de urgencias o a una simple revisión. Eso a Jordi fue lo que lo hizo pensar, tal vez, la niña acababa de recuperarse de una enfermedad de la cual le ha costado salir, o tal vez solo tenía fiebre y han ido a prevenir. Jordi volvió a observar a la mujer, pensó que a lo mejor ella había pasado un día difícil, luchando por cuidar a la niña.


 


Mientras Jordi esperaba que llegara la estación en la que se tenía que bajar hizo una reflexión que no había hecho antes. Cada uno de esos pasajeros tenía una vida, unos problemas, quizás unos deseos o unas historias muy diferentes. Uno quizás viene de quedar con el amor de su vida, mientras que otro acaba de perder a algún familiar o simplemente vienen de trabajar. Le impactó como en un mismo vagón, un simple vagón muy pequeño con apenas unos metros, cada una de esas vidas tenía un sentido, una historia. Nadie compartía el mismo motivo para estar allí. 


 


Jordi entendió que el metro no solo era un lugar de paso físico, sino que era un sitio lleno de destinos conectados. Personas con diferentes vidas que se cruzaban por algo, sin saber nada de los demás. Pero con algo en común, coger el metro. Quién sabe si el destino los ha juntado varias veces en ese mismo vagón, por algo, quizás hasta se necesitan.


Jordi bajó del vagón, y de camino a casa, empezó a pensar sobre todo lo que había pasado en su cabeza. Piensa en todas aquellas veces que se ha quejado de su rutina, de querer llegar al sofá y desconectar. Pero hoy, algo había cambiado, allí había personas con problemas mucho más grandes y duros que llegar a casa y tumbarse en el sofá. Jordi cerró el día pensando: “A veces nos preocupamos por cosas que verdaderamente no importan y no nos damos cuenta de que no muy lejos nuestro hay motivos mucho peores.”

Categoría de 13 i 17 años. INS Alexandre Galí

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