La Oscuridad en el túnel

Ivet

El Metro de Barcelona cumplía cien años, y la ciudad lo celebraba con exposiciones, descuentos y un recorrido especial en un tren restaurado de los años veinte. Pero entre los trabajadores veteranos corría un rumor: el centenario traería consigo algo más que nostalgia. Decían que, cada cierto tiempo, cuando el subsuelo recordaba su edad, algo despertaba.


Theo, un joven operador de línea, fue asignado al último tren conmemorativo de la noche. A las dos de la madrugada, en un trayecto especial sin pasajeros, recorrería la Línea 3 desde Zona Universitaria hasta Trinitat Nova. “Todo normal”, le dijeron sus supervisores. “Solo disfruta del viaje”. Pero al cerrar las puertas y arrancar el convoy, sintió un escalofrío.


El metro avanzaba en la oscuridad del túnel, y Theo observó su reflejo en la cabina. De pronto, las luces titilaron. Una sombra cruzó rápidamente por el reflejo, pero cuando giró la cabeza, no había nadie. Revisó las cámaras de seguridad: estaba vacío. Respiró hondo y continuó.


En Liceu, una de las estaciones más antiguas, las puertas se abrieron solas. El sistema no registró ningún fallo. Justo antes de cerrarse, una silueta borrosa pareció subir. “Debo estar cansado”, pensó. Pero la cabina comenzó a enfriarse. Miró de nuevo las cámaras y vio algo imposible: en el último vagón, una figura encorvada, vestida con ropas antiguas, estaba sentada.


Theo activó el intercomunicador: “Señor, este tren está fuera de servicio. Debe bajar en la próxima estación”. No hubo respuesta. Intentó hacer zoom, pero en la pantalla la imagen se distorsionó.


La estación de Drassanes se acercaba. Ahí podía detenerse y pedir ayuda. Pero antes de llegar, la comunicación con la central se cortó. El tren se detuvo en medio del túnel. Las luces parpadearon hasta apagarse por completo.


En el silencio absoluto, Theo escuchó un susurro ronco. No venía del intercomunicador. Venía de atrás. Giró la cabeza lentamente y lo vio en el reflejo del cristal: un rostro cadavérico, con ojos hundidos y una boca negra, estaba justo detrás de él.


Un grito resonó en los túneles. Luego, solo el sonido de un tren arrancando sin conductor.


Días después, los operarios encontraron la cabina vacía en la cochera. En las cámaras de seguridad, Theo nunca aparecía en el reflejo del cristal.

Categoría de 13 i 17 años. Escola Pia sarrià

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