Agridulce

Lia

lugar donde en tan solo horas debería abandonar, el principio de todo en aquella gran Plaza España, visualizando de lejos la entrada a un espacio desconocido, guiado por una línea verde hasta un dragón verde como la primavera, el tercero de ocho grandes bestias, era veloz, todos querían subir tanto que solo dos minutos el amable dragón paraba para dejar entrar a otros, hasta que me dejó en Vallcarca donde caminando un poco podría observar las obras de Gaudí, no entendía mucho, pero aquellos colores y formas solo podían ser apreciadas de la manera más genuina sin parar de caminar.  De repente escuché un gruñido en mi interior, cada segundo más fuerte, más constante e irritante hasta que se convirtió en un rugido; ahora el apetito de mi estómago era  el guía de mis pasos, donde entonces decidió volver al dragón para pedirle un lugar donde abastecerse y así lo hizo, en un abrir y cerrar de ojos estaba en Lesseps, a unos pasos del amado paseo de Gracia, donde el aroma de las calles era tranquilo, lleno de restaurantes que me obligaron a parar. Una vez con la barriga llena y contenta, era tarde, lo suficientemente tarde que deseaba un atardecer, mis pies me guiaron hasta el amable dragón, nos volvió a acoger para un nuevo destino, Lesseps, indicándome cuidadosamente cómo llegar a un conductor que me prometió llevarme a las nubes, y sin darme cuenta allí estaba el teleférico de Montjuïc; donde ocurrió el embrujo, como una ola que golpea a su paso admirando cada edificio no visitado, que tendría que esperar por él, sin haber conocido a las otras bestias… con un sabor de boca tan agridulce que lo mejor que podía hacer era despedirme mirando hacia atrás. Hoy volvemos a descubrir los caminos enmarañados de Barcelona con la ayuda de las líneas ,que mi niño interior llamaba bestias, que comenzaron esta historia y aún quedan allí. Aunque el placer de verlos como hace tres décadas queda tan tenue como la llama de la vela debajo de la lluvia en este mes de octubre donde todo se inició.

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